¿Por Qué La Necesidad De Congregarse?

Por: Juan Wyclif

22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. 23 Retengamos firme la confesión de la esperanza sin vacilación, porque fiel es el que lo ha prometido. 24 Considerémonos los unos a los otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.

(Hebreos 10:22-25).

¿Qué propósitos tendrá el Señor de que los hombres se congreguen, tiene esto realmente un motivo de ser? Por qué el escritor de la carta a los Hebreos aconseja "no dejando de congregarnos". Esperamos que esta lección sea de provecho a nuestra vida espiritual y arroje luz sobre este tema.

Antes del peregrinaje del pueblo de Israel por el desierto, en su salida de Egipto, Dios había tratado sólo con dos hombres de todo el pueblo: Moisés y Aarón; en el capítulo 36 del libro de Éxodo, desde del verso 8 se nos describe la construcción del tabernáculo que Jehová había mandado hacer, al cual Dios llama "Tabernáculo de reunión" (Ex. 27:21); el cual estaba en un recinto de 50 metros de largo por 27 metros de ancho, los límites de este recinto estaban recubiertos de cortinas de lino. El tabernáculo, que estaba en el extremo oeste del recinto, era una estructura de madera de 15 por 5 metros dividido en dos partes por un pesado velo: el lugar santo y el lugar santísimo (Ex. 26:15-25); estaba construido de tal manera que podía ser trasladado y reinstalado en cualquier lugar conforme avanzaban por las regiones desérticas.

Hazte dos trompetas de plata; de obra de martillo las harás, las cuales te servirán para convocar la congregación, y para hacer mover los campamentos. Y cuando las tocaren, toda la congregación se reunirá ante ti a la puerta del tabernáculo de reunión." (Nm. 10:2,3); el tabernáculo de reunión era el lugar que Dios había escogido para "manifestarse" al pueblo de Israel; por eso Dios mandaba que los hijos de Jacob se congregaran y se acercaran a aquel lugar que con tantos detalles mandó construir. Para el pueblo, el tabernáculo representaba la morada de Dios entre su pueblo (Ex. 25:8), el lugar donde Dios le hablaba a todo el pueblo.

¿Para qué se congregaban?

Ya siendo Moisés muy anciano (no podía más salir ni entrar) éste habla a Josué, en presencia de todo Israel, le informa que sería el joven sucesor que entregaría la tierra por herencia a los hijos de Jacob; que Jehová estaría con él, mas Josué debía hacer algo: "Harás congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley; y los hijos de ellos que no supieron, oigan, y aprendan a temer a Jehová vuestro Dios todos los días que viviereis sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella." (Dt. 31:12, 13). Es cierto que el patriarca Moisés le está hablando al novicio discípulo de congregar al pueblo, en este caso, en el año de la remisión, en la fiesta de los tabernáculos; pero la enseñanza que queremos señalar aquí aplica en un sentido general y que no deja de ser importante aunque pase el tiempo.

En los pasajes presentados en el párrafo anterior podemos notar el propósito de congregar al pueblo; mas antes quisiéramos tomarnos un tiempo señalando quiénes eran los que debían congregarse: Los varones, las mujeres y los niños del pueblo, además, los extranjeros que vivieran entre el pueblo; y en el futuro debían congregarse los hijos de ellos que no supieron, es decir, que todos los que estaban y los que vendrían debían congregarse. Pero ahora cabe hacerse la pregunta: ¿No podía Dios tratar con cada uno en forma individual?, más aún si ya lo había hecho muchas otras veces antes. ¡Sí, pero Él mandó que se congregaran! Pero entonces ahora surge como lógica otra pregunta: ¿Para qué congregarse?

1- Para que oigan, era costumbre en los tiempos bíblicos que el pueblo se reúna en algún lugar, en este caso el tabernáculo, para escuchar lo que Dios quería decirle a través de algún sacerdote o profeta, o simplemente para que se leyera el libro de la ley cuando éste estuvo ya en el pueblo. Además, Dios puso maestros en la iglesia (1ª Co. 12:28), para que estos enseñaran al pueblo congregado, para que los hermanos oigan las enseñanzas.

2- Y aprendan, Los jóvenes tenían que instruirse de los ancianos, los alumnos de los maestros, los hijos de los padres; debían aprender lo que Dios había hecho por su pueblo, las maravillas y la grandeza de aquel que creó los cielos y la tierra.

3- Y teman a Jehová, he aquí el principio de la sabiduría, todo el pueblo debía tener conciencia del poder de Jehová; todos deben comprender que no hay otro camino de salvación.

Y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley, esta encomienda es la que más tiempo le ocuparía al pueblo, por eso tenía que congregarse con frecuencia, debía tener mucho cuidado en obedecer la Palabra de Dios.

4- Para ver su poder y su gloria: "Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel." (1R. 18:19). La historia es muy conocida, el profeta Elías desafía a 850 profetas de dioses falsos (cuatrocientos cincuenta de Baal más cuatrocientos de Asera), los versos siguientes parecen sugerir que los cuatrocientos profetas de Asera lograron evadir el combate. Lo cierto es que el dios Baal quedó ridiculizado, y sus profetas también y todo Israel pudo ver el poder y la gloria de Jehová de los ejércitos. En Éxodo 40:34- vemos como ". . . una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo. Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo llenaba. Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas; pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba. Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas".

5- Para publicar el Nombre de Dios: "Para que publique en Sión el nombre de Jehová, y su alabanza en Jerusalén, cuando los pueblos y los reinos se congreguen en uno para servir a Jehová." (Sal. 102:21, 22); como podemos ver es importante congregarnos para publicar (anunciar) al pueblo el Nombre de Jehová (su Palabra); notemos que se nos dice que se congreguen para servir a Jehová, el texto sugiere que le podemos servir mejor si tenemos la costumbre de unirnos (congregarnos) para servirle.

6- Para servir a Dios: "Cuando los pueblos y los reinos se congreguen en uno para servir a Jehová." (Salmos 102:22); el salmista habla de lo futuro, pero es notorio que se le sirve mejor a Dios cuando los creyentes se reúnen para organizar el servicio, así como lo hacían los levitas para ministrar en el tabernáculo y el templo que construyó Salomón.

7- Para clamar a Dios: "Proclamad ayuno, convocad a asamblea; congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa de Jehová vuestro Dios, y clamad a Jehová." (Joel 1:14); el profeta habla Palabra de Dios a los ancianos de Israel y a los moradores de la tierra (vero. 1), en tiempos difíciles para todas las naciones de los días del profeta (léase los versos 1 al 13). Había hambre en todas las regiones, los labradores estaban confundidos, la vid estaba seca, y pereció la higuera; había gran escasez y el pueblo sufría penurias. ¿Cuál es la respuesta, a esta situación, que da el profeta Joel: "Proclamad ayuno, convocad a asamblea; congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa de Jehová vuestro Dios, y clamad a Jehová."

Es necesario que comprendamos, pues, la necesidad de congregarnos, de reunirnos; pareciera que el Señor desea que nos congreguemos, Jesús dijo: "Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos." (Mateo 18:19); otra vez os digo, pareciera que el Maestro está recalcando una enseñanza que había dado anteriormente la cual quiere que quede bien clara en sus discípulos. Pareciera que el clamor de muchos conmoviera más el corazón de Dios. Y luego el Maestro concluye: "Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos."1 El Señor desea que nos unamos (congreguemos) para que todos juntos clamemos a Él. Insisto en ello; Jesús dijo si dos o más, nunca que cada uno por sí solo.

8- Para pedir fortaleza espiritual: "Y puestos en libertad, vinieron a los suyos… Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios."2. Es cierto que también existe algo denominándola “adoración o culto en los hogares”, que es algo que lamentablemente en nuestra ILCH no se practica, y si bien es cierto que aunque en algunas ocasiones el Señor se puede manifestar en forma especial cuando adoramos solos en nuestros hogares; es bien sabido que si no fuéramos al templo a adorar junto a los santos de Dios, a la Iglesia, dejaríamos, tarde o temprano, nuestra adoración en el hogar. Es allí, en el templo, donde aparecen los elementos necesarios para edificarnos mutuamente y levantar nuestras voces en alabanza a Dios. Es por eso que sin dejar lugar a ninguna duda: ¡Dios nos manda congregarnos para que nos ministremos los unos a los otros!

Uno de los significados de la palabra Iglesia (Ekklesia) es congregación; viéndolo desde este concepto, nosotros individualmente no somos iglesia; sí somos templo del Dios viviente (2 Corintios 6:16); es decir, que somos lugar donde habita el Dios viviente; pero para que seamos iglesia es necesario, sí solo sí, entre otras cosas, que nos congreguemos cuando las circunstancias lo permitan; si no nos congregamos entonces no somos iglesia; y recordemos que Cristo no viene a buscar a una persona individual, mas bien vendrá por su iglesia, un pueblo que se congrega para alabar y glorificar su nombre. Si algún ser humano, por circunstancias ajenas a su voluntad (enfermedad, guerra, privación del derecho al culto público, etc.) usted no puede reunirse con los santos para alabar a su Dios, es probable que tengamos una excusa; pero si no tenemos una excusa valida delante del Dios vivo, entonces si no nos congregamos no somos su iglesia. Pido al Señor que se nos permita comprender lo que estamos diciendo en este párrafo. Si no hay reunión o congregación para tratar y andar en los asuntos del Señor no estamos obedeciendo los que dice el Espíritu de Dios en Hebreos 10:25: "no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca." Y recordemos que no son los oidores sino los hacedores de la Palabra los que serán salvos.

1 Mateo 18:20
2 Hechos 4:23-31

En el Antiguo Testamento el pueblo se reunía en el Tabernáculo para escuchar la voz de Dios, para ver su poder y su gloria; luego en los días del rey Salomón es sustituido por el templo de Jerusalén3; pero hoy en día no tenemos el templo de Jerusalén para reunirnos, luego esas edificaciones donde van todos los hermanos para alabar se constituye en casa de Dios, puerta del cielo4; más aun el apóstol Pablo nos dice: "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?"5. Es decir, que en el Nuevo Testamento aquel tabernáculo de reunión pasa a ser la congregación de los santos, es decir, la Iglesia de Cristo

Podríamos mencionar muchas razones bíblicas de por qué es necesario que nos congreguemos; pero queremos indicar que la razón más poderosa es que Dios lo ordena en su Palabra Santa, no importa lo que el ser humano considere sobre este asunto, lo cierto es que Dios demanda que nos reunamos como creyentes: "no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis" (Hebreos 10:25); es muy fácil comprender lo que el Señor desea, según este texto: ¡que nos congreguemos! Pero ¿por qué quiere Dios que nos congreguemos? Si observamos el contexto de este pasaje bíblico, especialmente el verso 24: "Busquemos la manera de ayudarnos unos a otros a tener más amor y a hacer el bien."6, y es después de estas palabras que nos manda a no dejar de congregarnos, es muy importante señalar el texto leído: "Ayudarnos unos a otros"; necesitamos la ayuda de los santos de Dios para poder llegar a la meta final; de otro modo nos seria muy difícil mantenernos en pié como cristianos con una fe firme y perseverante. Muchos me dirán que esta es una visión algo exclusivista, y a lo cual yo respondo: “tiene usted toda la razón”. Podrá ser bueno o malo, pero las enseñanzas de Cristo son siempre radicales, y no dan lugar a interpretación o duda, sino solo a aceptación. Como persona que se prepara para ser pastor, suelo escuchar de muchos luteranos: “yo no necesito de la Iglesia, con o sin ella puedo ser un buen cristiano”. Pero seamos sinceros, la mayoría de las personas que nos dicen eso lo hacen para justificar algo que no es justificable, y es el hecho de que no se tiene interés en estar en comunión con los demás cristianos. Es una lamentable realidad, pero sabemos perfectamente que en nuestra amado ILCH, hoy mismo se encuentran más luteranos en sus casas descansando que en nuestros templos adorando. Debemos comprender que usted y yo necesitamos la ayuda espiritual, moral, emocional y material de los hermanos en Cristo; muchas veces hemos estados desanimados y esos hombres y mujeres de Dios nos han traído palabra de vida que ha reconfortado nuestra alma; cuántas veces hemos andado en falta delante de nuestro Señor, y algún hermano nos ha hecho la corrección necesaria. Cuando en una fogata los carbones ardiendo se alejan uno del otro, poco a poco se van apagando, pero sin embargo cuando se juntan uno a uno se calentaran, esto es también cierto con respecto a los creyentes, y tanto más cuanto que vemos que el día del Señor se acerca. Una varilla por si sola se quebrará con facilidad, pero un manojo de estas, es casi irrompible.

Es que se nos hace totalmente necesario como Iglesia asimilar el hecho de que si ya existimos como tal, debemos perseverar juntos en nuestra fe y seguir adelante dando testimonio de Cristo. Nosotros como luteranos hemos recibido un legado demasiado importante como para pasar por alto. Recordemos: Lutero arriesgó su vida para que la doctrina de Cristo no fuese olvidada, los grandes misioneros que llegaron al África del siglo XIX llevaron consigo este mensaje, que como luteranos compartían con nosotros. En el caso de Chile, si bien es cierto que nuestra Iglesia Luterana no llegó al país como fruto de un esfuerzo misionero, sino de una “Iglesia de transplante”, los colonos alemanes de hace más de 140 años, mantuvieron su cohesión como grupo gracias principalmente a la fe luterana que casi todos ellos compartían. Y por todos es conocida aquella gran herencia cultural que el pueblo del cual la mayoría de ustedes forma parte nos trajo a nuestro país. Es muy probable entonces que sin la fe luterana como punto de unión entre sí, la inmigración alemana no hubiese dado a nuestro país las innumerables bendiciones que hasta el día de hoy continúa entregándole.

3 véase el capitulo 6 de 1ª. de Reyes.
4 Génesis 28:17
5 1ª Co. 3:16
6 He. 10:24

Podemos ver las ventajas que obtiene el cristiano cuando se congrega con regularidad, las mismas que se pierde aquel que entiende que no es necesario congregarse en un lugar que en nuestro caso denominamos templo para glorificar el nombre de Dios y ser ministrado a través de la adoración y de la Palabra predicada. Invitamos a los hermanos a rechazar esos argumentos vacíos y sin fundamento respecto de que no es necesario ir a la iglesia a todos los cultos para vivir la vida cristiana; la verdad es muy diferente: "… en los negocios de mi Padre me es necesario estar"; el día en que no andemos en los negocios de nuestro Dios con regularidad, seremos presa fácil del secularismo y de los valores que se oponen a la fe cristiana, que "como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar". Entonces, en vez de despreciar este mandato del Señor, congreguémonos y démosle gracias por aquella gran bendición que tenemos vivir en un país en donde podemos alabar a Dios y reunirnos libremente, bendiciones que como todos sabemos, no han tenido todos nuestros hermanos cristianos, incluso luteranos en la ya desaparecida Alemania oriental, o actualmente en China, o en el gran mundo musulmán, e incluso en España, en donde en no pocas ocasiones los templos evangélicos son apedreados por el sólo hecho de no ser católicos romanos, recordando siempre el mandato del Señor: “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos y edificándonos los unos con los otros”.

bY LeMS

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“Cualquier hombre que piensa que es cristiano y que ha aceptado a Cristo para la justificación sin haberlo aceptado al mismo tiempo para la santificación, se halla miserablemente engañado en la experiencia misma”

Archibal A. Hodge

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