Comentario sobre 1 Timoteo 2:9


Del libro Comentario al Nuevo Testamento: 1 y 2 Timoteo y Tito, por William Hendriksen


1 Timoteo 2:9:

Igualmente, que las mujeres se adornen con traje adornado de modestia y buen juicio.
  
La palabra igualmente muestra que Pablo está continuando sus observaciones en relación con la conducta en el culto público. Así como los hombres deben hacer los preparativos necesarios, de modo que con corazón apercibido y sin disposición previa hacia el mal “vayan a la iglesia”, capaces de levantar manos santas, así también las mujeres deben dar evidencia de si mismo espíritu de santidad, y deben mostrar esto cuando todavía están en casa, preparándose para asistir al culto.

Entonces, deben “adornarse con traje adornado”. Para reproducir la aliteración del original habría que usar dos veces la palabra adorno. Reconocemos que la aliteración no siempre puede reproducirse sin cambiar el sentido del original. En este caso, sin embargo, podría retenerse en la traducción pero a fuerza de que parezca redundancia. Tales referencias son de poco valor cuando el adjetivo modifica un sustantivo que no se refiere a carácter sino a un “vestido”. En este caso, el sentido más literal “adornado” se impone por sí mismo. Entonces las mujeres deben adornarse con traje adornado, esto es decoroso.

Por lo tanto, es claro que el apóstol no condena el deseo de muchachas y mujeres — deseo puesto en sus almas por su Hacedor — de adornarse, de ser “de buen gusto”. Pero si el vestido de la mujer ha de ser verdaderamente tal cosa, debe expresar modestia y buen sentido. Por eso Pablo escribe: “con traje adornado con modestia y buen juicio”. Modestia indica un sentido de vergüenza, temor de traspasar los límites de la decencia; por eso, reserva propia. La palabra siguiente, que hemos traducido buen juicio, significa literalmente pureza mental. Al vestirse para ir a la iglesia las mujeres deben poner en práctica el sentido común. Deben vestirse con un atavío sensato. No deben tratar de exhibirse, de “causar furor”, usando ropa llamativa como para que las demás sientan envidia de ellas. Debieran adornarse, sin duda. No tienen que resistirse a la moda, salvo que una moda específica sea inmoral o indecente. No deben tener un aspecto pasado de moda, estrafalario o excéntrico. Deben recordar siempre que a veces el corazón orgulloso se esconde tras una máscara de pretendida modestia. Eso también es pecado. Hay que evitar cuidadosamente los extremos. Eso es lo que implica el “buen juicio”. El vestido debe expresar la modestia interior y la sana perspectiva de la vida, la perspectiva cristiana. Aplicado a nuestro tiempo y era, esto significa que las famosas líneas de Pope deben ser consideradas con cuidado. Contienen materia de reflexión:

No seas la primera en probar lo novedoso, ni la última en abandonar lo que es añoso.

Ahora bien, adornarse con vestido adornado de modestia y buen juicio significará que la mujer no se adornará con trencillas y oro, ni con perlas o vestidos costosos.
Pablo ha sido criticado severamente por estas palabras, como si no quisiera que los miembros del bello sexo tengan la mejor de las apariencias. Se ha señalado: “¡Pensar que aun se opone a las trencillas! ¿Qué tienen de malo?” Sin embargo, esas críticas son injustas totalmente. La misma combinación de la palabra “trencillas” con “oro o perlas o vestidos costosos” debiera bastar para informar al lector que el apóstol está pensando en el pecado de la extravagancia en el adorno exterior. En cuanto a las “trencillas”, no es el sentido que bajo cualquiera y ante toda circunstancia las mujeres de todas las generaciones futuras están bajo la prohibición de usar el cabello trenzado. De ningún modo. Deben tenerse presentes los siguientes puntos:
  1. Considerando el contexto (véase v. 10) Pablo quiere decir esto: La mujer cristiana debe comprender que su verdadero adorno no es de peluquería o joyería, o de un atavío espléndido o algo por el estilo, sino algo más, que el apóstol está por mencionar, a saber, el hacer buenas obras que son el fruto del carácter que ha sido transformado por el Espíritu Santo.
  2. Pero, ¿qué de estas trencillas que eran populares en el mundo del tiempo de Pablo? No se fijaban en gastos para hacerlas deslumbrantes. Realmente resplandecían. Las trenzas se sostenían con peines de carey enjoyados, o por medio de broches de marfil o plata. O eran alfileres de bronce con sus cabezas enjoyadas, mientras más variados y caros, mejor. Las cabezas de los alfileres con frecuencia eran imágenes en miniatura (un animal, una mano humana, un ídolo, la figura femenina, etc.). En aquellos días, las trencillas con frecuencia costaban una fortuna. Eran un artículo de lujo. La mujer cristiana está ante la advertencia de no ceder a tales extravagancias.
Igualmente, la mujer que es creyente debe tratar de no hacerse notar mediante una vana exhibición de ornamentos de oro. Además, no deberá anhelar las perlas, obtenidas (en aquel tiempo) en el Golfo Pérsico o en el Océano Indico. Con frecuencia tenían precios fabulosos y estaban fuera del alcance del poder comprador del promedio del miembro de la iglesia. A fin de obtener una perla de gran precio, un mercader tendría que vender todas sus posesiones (Mt. 13:46). Sin embargo, alguien que vivía en los tiempos de Pablo dijo: “He visto a Lolia Paulina (esposa del emperador Calígula) cubierta con esmeraldas y perlas que brillaban sobre su cabeza, cabello, oídos, cuello y dedos, con un valor superior al de un millón de dólares”.

La mujer de fe no (o no debiera, por lo menos) anhelar vestidos costosos, por ejemplo un vestido caro y ostentoso. La túnica o manto usado por las damas se parecía a la toga del hombre. Sin embargo, era producto de una artesanía más fina y se caracterizaba por una ornamentación más rica, y una mayor variedad de colores.

El exhibicionismo vano de parte de la mujer era y es ofensivo a lo que es mejor en el gusto oriental. Lo que es más importante, también ofende al Creador. En una mujer que profesa ser creyente, esa búsqueda del culto a la belleza y el adorno personal es do-blemente impropia. Ofende al Creador y al Rendentor. Véase también Is. 3:16-24 y 1 P 3:3,4. Aunque es siempre incorrecto, es más reprensible en una mujer que se está preparando para ir a la iglesia; porque el vestido ostentoso malamente cuadra con el corazón contrito y humillado, el corazón que agrada a Dios en el servicio de la Palabra y los sacramentos.

10“Quiero, pues, que… las mujeres se adornen… no con trencillas y oro, perlas o vestidos costosos, sino — como es propio de mujeres que profesan ser temerosas de Dios — (que se adornen) por medio de buenas obras.

El adorno genuino de la mujer se logra por medio de la realización de buenas obras (cf. 1 Ti. 6:11,18; 2 Ti. 2:22; 3:17). La divina gracia da existencia al árbol de la fe en que se producen estas buenas obras como tantos otros frutos. Esa es la doctrina del apóstol tanto aquí en las Pastorales (Tit. 2:11-14; 3:4-8) como en otros lugares (Gá. 5:22-24; Ef. 2:10). Ahora bien, lo apropiado para la mujer es que se adorne por medio de buenas obras, por cuanto profesan ser temerosas de Dios. Literalmente, Pablo dice: “que profesan temor-de-Dios”. El verbo traducido profesan tiene el sentido básico de transmitir un mensaje en voz alta, claramente; y de allí, proclamar. Dicha proclamación puede ser en la forma de una promesa o de una profesión; generalmente la primera (Mr. 4:11; Hch. 7:5; Ro. 4:21; Gá. 3:19; Tit. 1:2; Heb. 6:13; 10:23; 11:11; 12:26; Stg. 1:12; 2:5; 1 Jn. 2:25), pero aquí y en 1 Ti.6:21 se aplica el segundo sentido. El sustantivo traducido lit, temor de Dios (véase LXX: Gn. 20:11) no aparece en otro lugar en el N.T.; pero véase el adjetivo en Jn 9:31.

Toda la idea nos recuerda de inmediato 1 P 3:3,4: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”.

Soli Deo Gloria


bY LeMS

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“Cualquier hombre que piensa que es cristiano y que ha aceptado a Cristo para la justificación sin haberlo aceptado al mismo tiempo para la santificación, se halla miserablemente engañado en la experiencia misma”

Archibal A. Hodge

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