EXPLORANDO UNA METODOLOGÍA PARA EL ESTUDIO SOBRE EL ESPÍRITU SANTO



Por Rev. Guillermo Green

El tema del Espíritu Santo no es un punto nuevo de discusión para la iglesia. Desde los primeros siglos de la iglesia y en toda su historia se ha debatido aspectos de su obra. Pero el mundo ha visto en este siglo la formación de denominaciones y grupos enteros alrededor de doctrinas particulares de la persona y obra del Espíritu Santo. Partiendo de este interés y «atmósfera», es bueno que las iglesias reformadas de Latinoamérica reflexionen sobre sus enseñanzas y prácticas.

El propósito de este artículo es explorar fundamentos teológicos para una doctrina del Espíritu Santo. No pretendo aquí traer ninguna idea nueva - pues todo lo que voy a decir otros lo han dicho mejor. Mi deseo es sintetizar y resumir aspectos que yo considero importantes para un concepto adecuado de la obra del Espíritu Santo.

El punto de partida

Donald Dayton nos ha dejado un excelente retrato de las raíces del pentecostalismo. Dayton relata el desarrollo en el siglo pasado de un deseo por un «nuevo pentecostés». Dentro de ciertos grupos creció el fervor y deseo por un nuevo «bautismo» y «derramamiento» del Espíritu Santo (ver páginas 44ss). Para efectos de este artículo, es importante notar que las obras citadas por Dayton contemplan las señales de pentecostés como parte de la esencia de la llenura del Espíritu Santo. Desde los «avivamientos» pentecostales en adelante, ciertas señales visibles y extraordinarias han sido exigidas como prueba del bautismo del Espíritu Santo, la más común siendo el hablar en lenguas.

Sugiero que tomar nuestro punto de partida de Hechos 2 podría distorsionar nuestro concepto del Espíritu Santo. El mismo Espíritu Santo inspiró todas las Escrituras (2 Pedro 1:20,2 1), y sus huellas se encuentran desde el segundo versículo de Génesis 1 en adelante. Tomar los eventos de Hechos 2, fuera del contexto bíblico general, como un ejemplo para la iglesia, es ignorar el 99% del testimonio bíblico sobre este importante tema. Estoy diciendo lo siguiente:

(1) La revelación bíblica tiene un desarrollo; debemos estudiar el tema del Espíritu Santo tomando en cuenta la revelación progresiva. Cualquier otra lectura será «estática» y por ende distorsionada.

(2) Al ser sensible a esta revelación progresiva, nos daremos cuenta de los aspectos «simbólicos» o «representativos» que Dios ha empleado para comunicar su verdad. Dios se ha manifestado tanto en palabra como en hecho, y sólo una metodología que tome en cuenta la historia de salvación podrá captar estos aspectos.

Nuestro punto de partida, entonces, es lo que Geerhardus Vos defendió en su Biblical Theology, es decir, una lectura de la Biblia sensible al desarrollo no solamente de una historia, sino de conceptos teológicos que fueron siendo revelados parte por parte, como la rosa que comienza en botón y se va abriendo pétalo por pétalo.

¿Por qué me detengo para hacer este punto? Porque creo que la mayor parte de la diferencia entre el pentecostalismo y la doctrina reformada tiene que ver con diferentes formas de leer la biblia. Sigue siendo tan importante hoy en día afirmar que toda la escritura es la Palabra de Dios, y cada doctrina se afirma y se complementa por las otras partes de la biblia. Es necesario distanciarnos de otros tipos de lectura bíblica, tales como formas «moralísticas» o de buscar meros ejemplos para nuestra vida. Cuando enfatizamos un estudio del Espíritu Santo que parte desde Génesis y clausura en Apocalipsis, estaremos seguros de conocer lo que Dios nos quiere decir sobre su Espíritu. 

Primeros pasos hacia una teología del Espíritu Santo

Es importante recordar que Moisés abre su relato de la creación con una referencia específica del Espíritu de Dios (Génesis 1:2). Antes de hablar del Espíritu Santo como Regenerador o Vivificador de su pueblo, es necesario hablar de su función como Creador. Con frecuencia se habla de Dios Padre y de Jesucristo como los agentes de la creación. Pero el testimonio bíblico es claro de que el Espíritu de Dios es agente activo también en la creación. Esto tiene relevancia teológica.

Moisés nos relata que el mundo estaba «desordenada y vacía» (tohu vabohu). Y el Espíritu de Dios se movía sobre este «tohu». El verbo que se usa en Génesis 1:2 para decir que el Espíritu «se movía» sobre las aguas, sólo se encuentra una vez más en el Pentateuco, en Deuteronomio 32:11. En el pasaje de Deuteronomio, es empleado para representar a Dios como águila, «revoloteando» sobre su pueblo, guiándolo en medio de «yermo de horrible soledad» (¡tohu!). Los paralelos entre los dos pasajes son obvios - en la creación el Espíritu de Dios revolotea sobre el «tohu» de la creación desordenada y le da forma a través de su palabra de poder; en Deuteronomio Dios revolotea sobre su pueblo en medio de otro «tohu», la soledad del desierto y el peligro de enemigos, y le da «forma» como pueblo escogido de Dios. Hebreos 1:1-3 atribuye la creación a Cristo, quien es el «resplandor de la gloria» de Dios, «imagen de su sustancia». Cristo y el Espíritu de Dios son uno desde la obra de la creación. Cuando Jesús dice en Juan 16:13,14 que el Espíritu Santo no hablaría «nada por su propia cuenta», sino que glorificaría a Jesús, estaba reflejando la unidad entre él y el Espíritu de Dios que hubo desde el comienzo del mundo. Todo intento de dividir la obra del Cristo de la del Espíritu Santo en la redención (“segundos bautismos”, bendiciones posteriores, etc.) no comprende la unidad fundamental entre ellos desde la creación. Nuestra teología del Espíritu Santo debe partir de un aprecio serio de la interrelación trinitaria desde la creación. La obra del Espíritu Santo fluirá de su esencia como uno con el Padre y el Hijo. Si bien hay diversificación de funciones, la unidad fundamental entre las personas de la trinidad debe prevalecer sobre cualquier distinción de papeles.

Ahora bien, con base en el testimonio del pentateuco, el Espíritu de Dios le da forma primero al mundo, y luego al pueblo de Dios. Examinemos estos paralelos. Génesis 1 termina con la gran declaración que Dios va a crear al hombre a su imagen. Luego en Génesis 2, Dios «sopla» el aliento de vida en la nariz del hombre. Es importante recordar que la palabra hebrea «espíritu» (ruach) es usada también para significar «viento». Si bien no se encuentra la palabra «ruach» en Génesis 2:7, la idea de que Dios «sopla aliento de vida» y el hombre tiene su comienzo como «ser viviente» surgiere que esto es resultado del «ruach» de Dios. Esta idea es reforzada con base en Salmo 104:29,30, donde leemos que Dios quita el aliento de vida, y vuelven al polvo, o envía su «ruach» (Espíritu) y «son creados, y renuevas la faz de la tierra». El Salmista toma estos conceptos de Génesis 2, donde Dios sopla en el hombre, y entiende que es el Espíritu de Dios que comunica la vida, que renueva y crea.
Es este Espíritu Creador que forma al hombre a la imagen de Dios. El hombre tiene su comienzo como portador de la imagen de Dios, infundida por el Espíritu de Dios. Podríamos decir que Adán fue el primer «bautizado» por el Espíritu Santo, y era plenamente lleno del Espíritu Santo antes de su caída. Si queremos buscar ejemplos de la llenura del Espíritu Santo, debemos comenzar con Adán antes de su caída.

Meredith Kline, en la obra ya mencionada, ha destacado esta obra del Espíritu de Dios como formador de la imagen de Dios porque cree que ha sido descuidada en las formulaciones doctrinales sobre la imagen de Dios. Kline sugiere que mucho del lenguaje bíblico sobre la redención se toma de Génesis 1 - 3, y afecta nuestra teología del Espíritu Santo. Por ejemplo, a la luz de lo anterior, podemos ver la acción de Dios en vestir a Adán y Eva después de su caída, como un símbolo de la restauración a la imagen plena de Dios, y la restauración de la presencia del Espíritu Santo. De allí comienza todo un lenguaje bíblico de «vestirse» - y encontramos que el Espíritu Santo «viene sobre» las personas escogidas de Dios para tareas particulares (ver p.ej. Jueces 6:34, 14:6, etc.). De interés son las vestiduras «para honra y hermosura» que Dios manda hacer para Aarón y los sacerdotes (Exodo 28). Los colores y su propósito «para santidad» (ver 28:2,4,36-43) sugieren que estas vestiduras son un reflejo de la nube de gloria, y así vestido Aarón de una representación de la imagen de Dios, es apto para servir como mediador del pueblo.

En el Nuevo Testamento leemos que debemos «quitar» el viejo hombre y «vestirnos» de Jesucristo, quien es la imagen perfecta de Dios (Col. 3:9,10; Ef. 4:22-24; Rom. 13:14). Este lenguaje tiene sentido profundo a la luz del Antiguo Testamento, ya que Cristo cumple por nosotros el papel del postrer Adán, portador de la imagen perfecta de Dios, y crea por medio de la fe una nueva humanidad. Su obra se describe como un «vestir de la imagen» de Cristo o de Dios. Con base en lo que hemos visto de Génesis, es muy probable que el énfasis del Nuevo Testamento sobre la obra del Espíritu Santo será esta restauración de la imagen de Dios al hombre pecador. Retomaremos este punto abajo. La obra de redención

¿En qué afecta todo esto nuestra doctrina del Espíritu Santo? Pues, cuando partimos de la obra de Dios en la creación del hombre a su imagen, nos ubicamos en cuanto a la obra de su Espíritu. El Espíritu de Dios fue el agente para comunicar la imagen de Dios al hombre, así produciendo una criatura que pudiera gozarse de plena comunión con Dios, y realizar su tarea en el mundo obedientemente.

En la historia de la redención, el Espíritu de Dios toma este papel de re- creador a la imagen de Dios. Por ejemplo, Moisés entiende que la nube de gloria sobre Israel es el mismo «ruach» de Dios sobre el tohu, re-creando un nuevo pueblo (Deut. 32:10,11). Esta nube «shekinah», de gloria, debía ir adelante del pueblo. Es digno de mención aquel pasaje en que Moisés discute con Dios, que si no iba adelante el Angel de la presencia, la nube de gloria, entonces Moisés no se movía de ahí (Exodo 33:7-16). El entendía que si Dios no iba formando a su pueblo a su propia imagen, nada podía hacer él.
Después de las fallas de Israel como pueblo, Dios promete que el Espíritu de Dios cumpliría aún su función de re-crear un pueblo obediente. Por ejemplo, en Ezequiel 36:25-27 Dios promete que un cambio de corazón vendrá por medio de su Espíritu Santo. El lenguaje de este pasaje nos recuerda del pacto con Abraham - «seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo». El pecado había alejado al hombre de Dios. Adán y Eva quedaron excluidos del huerto de Edén. Sin embargo, Dios los viste de pieles - símbolos de reconciliación. La humanidad levanta la torre de Babel en rebeldía contra Dios, pero Dios le promete a Abraham que él formaría un pueblo por gracia. El Espíritu Santo resulta ser el agente de esta obra de reconciliación con Dios y formación como pueblo.

Existen varias «imágenes» del Espíritu en el Antiguo Testamento, entre ellas el tabernáculo, los vestimentos de los sacerdotes, el oficio del profeta, y aún eventos tales como el primer día de juicio cuando Dios confronta a Adán y Eva en el huerto de Edén. Aquí no podemos ampliar estas facetas de la obra redentora del Espíritu de Dios, pero cabe decir que hay una amplia preparación en el Antiguo Testamento para la venida del Espíritu de Dios sobre su pueblo el día de Pentecostés. Estas esperanzas se ubican sólidamente dentro del pacto que Dios establece con su pueblo, y tienen su enfoque en una recreación a la imagen de Dios. Y hemos visto que ciertos símbolos se han empleado para representar el derramamiento del Espíritu, - como por ejemplo soplando sobre Adán, vistiendo a la persona (Adán/Eva, Aarón), y representándose en fuego como la nube de gloria en el desierto.

Las señales de pentecostés

El interrogativo que queremos hacer ahora es: ¿son las señales del día de pentecostés parte de la sustancia del derramamiento del Espíritu Santo? Podríamos acercarnos a esta pregunta de varias formas, por ejemplo - el testimonio en el resto del libro de Hechos, o relacionando las historias de Hechos con las epístolas de Pablo y el resto del Nuevo Testamento. Aquí quiero seguir el argumento que venimos desarrollando desde el Antiguo Testamento. Vamos a considerar los siguientes puntos:
(1) Dios había prometido un derramamiento de su Espíritu Santo sobre su pueblo en general. Y prometió señales para comprobar ese hecho (Joel 2:28- 32).

(2) El Espíritu prometido era aquél que había soplado sobre el hombre creándolo a la imagen de Dios. Este Espíritu cubriría todo el pueblo, trayendo un corazón dispuesto a la obediencia. Las promesas del Antiguo Testamento enfatizan un corazón cambiado y una disposición de obediencia (Jer. 31:31-33; Ezeq. 36:25-27).

(3) Las manifestaciones principales que Dios emplea en el Antiguo Testamento para representar la presencia de su Espíritu son: (a) Viento (ruach); Dios sopla sobre Adán (Gen. 2:7), su «ruach» le da vida al mundo (Salmo 104:10,11). (b) Fuego - la nube de gloria era una nube de fuego y de gloria. Claramente estas manifestaciones representan el Espíritu de Dios. Dios había llamado a Moisés desde la zarza ardiente. Luego entregó el pacto en medio de fuego y humo en Sinaí. Y cuando los setenta ancianos reciben una porción del Espíritu que había en Moisés, Dios baja en la nube y reparte el Espíritu. (3) Profecía - los profetas, u «hombres del Espíritu» (Oseas 9:7) demostraban la presencia del Espíritu a través de anunciar la voluntad de Dios por inspiración divina.

¿Qué pasa el día de pentecostés? Bueno, hay una manifestación «típica» del Espíritu de Dios. Dios en ocasiones anteriores se había manifestado por medio de un viento recio, por señales de fuego, y con profecía. Lo grande esta vez era que el Espíritu reposaba sobre todos presentes, y en esto consiste el «cumplimiento» de la promesa. Pero este cumplimiento no implica que las manifestaciones eran ni nuevas ni permanentes. Al contrario, sirven de señal de que las promesas de Dios se habían cumplido. Y como señales, son secundarias y son temporales. No forman la esencia del derramamiento del Espíritu Santo.

En el Antiguo Testamento Dios preparó el camino para poder entender la sustancia de lo que iba a hacer en el día de Pentecostés. Por eso se revela como «viento» y como «fuego». Pero estas señales son periféricas. La iglesia no necesita estas señales tal como Adán no las necesitaban para obedecer a Dios antes de su caída. Eran «señales», no la sustancia. Pedro enfatiza esto en su sermón el día de Pentecostés. Primero Pedro les recuerda a sus oyentes de las señales que hizo Cristo estando vivo (Hechos 2:22), y luego dice que habiendo sido exaltado, ganó el derecho al Espíritu Santo, al cual ha derramado con estas últimas señales (Hechos 2:32,33). ¿Qué de las lenguas? En realidad las lenguas en sí parecen no formar parte de las señales de Pentecostés. La presencia de profecía sí manifestaba un cumplimiento de las esperanzas del poder y llenura del Espíritu Santo. Pero ninguna profecía del Antiguo Testamento menciona «hablar en otras lenguas» como señal del Espíritu Santo. Creo que podemos entender el hablar en lenguas (idiomas - Hechos 2:8 ) bajo el rubro en el cual lo trata Pablo en 1 Corintios 12. Era un don que Dios dio, repartido «como él quería» (1 Cor. 12:11), y no necesariamente para cada creyente (« ¿hablan todos en lenguas?»- una pregunta retórica con respuesta: «¡no!» 1 Cor 12:30). Las señales verdaderas el día de Pentecostés fueron el viento, el fuego, y la proclamación del evangelio. Estas fueron las señales para los creyentes. El don de predicar el evangelio en otros idiomas por supuesto llamó más la atención de los no-creyentes, porque fue la Palabra de Dios proclamada en su idioma natal, convenciéndoles de su pecado. Si queremos hablar de las lenguas como señal, eran señal para los no-creyentes - lo cual concuerda con lo que Pablo dice en 1 Corintios 14:22.

Esto ilustra el error de los grupos que desean destacar las lenguas como señal para los creyentes del bautismo con el Espíritu Santo. Si hubiera señal para los creyentes, deberían ser viento y fuego. Las lenguas eran señal para los incrédulos. Pero como dijimos arriba, las señales no forman parte de la sustancia. Si queremos buscar «pruebas» del Espíritu Santo en nuestra vida, Gálatas 5:22,23 es claro: «Amor, paz, paciencia, etc». La prueba de la presencia del Espíritu Santo en la vida de un cristiano es la transformación a la imagen de Cristo, quien es la imagen perfecta de Dios. La «unción» del Espíritu es la «unción de la obediencia». Esto es lo que se destaca en el libro de los Hechos. El derramamiento del Espíritu Santo produjo - no una sed de más señales, sino un deseo fervoroso de obedecer a Dios.

Desear la señal de algo y no su esencia es como desear un anillo de bodas y no una esposa, o querer sólo saborear los olores de una comida rica y no comerla. Dios dio señales contundentes el día de Pentecostés de que había cumplido sus promesas. Pero el deseo de la iglesia no debe ser por las señales, sino la sustancia del Espíritu de Dios - la imagen de Dios renovada en nuestro corazón y nuestra vida.

Conclusiones

Existe una armonía perfecta entre las varias porciones de las Escrituras, y he tratado de señalar cómo los primeros capítulos de Génesis arrojan luz sobre el evento de Pentecostés. Con este artículo he tratado de despertar interés en el estudio amplio del testimonio Bíblico, dando importancia al desarrollo de la revelación de Dios. También he tratado de señalar que Dios se sirve de «imágenes» o «modelos» para representar verdades espirituales. Encontramos en el Antiguo Testamento una riqueza de formas por medio de las cuales el Espíritu Santo se revela. Para nuestra comprensión del día de Pentecostés, es necesario tomar en cuenta estas preparaciones de Dios.

La Palabra de Dios contiene una riqueza de enseñanzas sobre la persona y obra del Espíritu Santo. Nuestra teología debe apoyarse en todas las facetas de estas enseñanzas, reconociendo tanto el desarrollo de la revelación como la interrelación de sus partes.

Lejos de producir una fe meramente «intelectualista» o «doctrinal», el aprecio de toda la gama bíblica sobre el Espíritu Santo nos llevará a una comprensión y compromiso mayor con nuestro Redentor. Nuestra obediencia buscará formas más fieles y profundas en qué manifestar nuestra transformación a la imagen de Dios, y podremos enfocarnos en la esencia de la plenitud del Espíritu de Dios - el amor, la paz y la obediencia - en lugar de derramar energías buscando elementos extraños al evangelio. ¡Dios nos llene a nosotros y a nuestras iglesias de este Espíritu Creador y Redentor!

BIBLIOGRAFIA

Breneman, Mervin. “¿Cómo debemos usar el Antiguo Testamento?”, Misión, #57. Calvin, John. Comentaries on the book of Génesis. Grand Rapids: Baker Book House, 1981. Dayton, Donaid W. Raíces Teológicas del Pentecostalismo. Grand Rapids: Nueva Creación, 1991. Gaffin, Richard. Perspectives on Pentecost. Phillipsburg: Presbyterian and Reformed Publishing Company, 1979. Morley, Don. “Observando la bendición de Toronto”, Nueva Reforma, 29, Abril 1995. Naf, Willi. “Benny Hinn, Dominador Poderoso”, Nueva Reforma, 30, Julio 1995. Kline, Meredith. Images of the Spirit. Grand Rapids: Baker Book House, 1980. Vos, Geerhardus. Biblical Theology. Grand Rapids: Eerdmans Publishing Co., 1948. 

Guillermo Green is a minister in the United Reformed Church, and serves as executive director of CLIR, the Latin America Fellowship of World Reformed Fellowship



Soli Deo Gloria
 bY LeMDS

La Imputación


Por Dr. Roger L. Smalling
Libro: Felizmente Justificados


¿Es la fe la base de su salvación? La mayoría de Cristianos responden que SI.

Los estudiantes de teología a menudo se asombran al escuchar que la fe no es la base de nuestra salvación. Este enunciado parecería herético, hasta que se explica que la verdadera base es la justicia de Cristo. La fe es sencillamente el medio por el cual dicha justicia se nos acredita a nosotros.

Asumir que la fe es el cimiento de nuestra aceptación ante Dios, es como decir que un volquete de cemento es el fundamento de nuestra casa, ya que el cemento fue transportado por ese vehículo. No se trata de desvalorizar a la fe, pues sin ella no podemos ser justificados. Lo que queremos es subrayar la importancia de la imputación.

La importancia de la imputación

A. La imputación es el concepto central en la justificación.

Al ignorar la imputación se llega a una confusión acerca de nuestro estatus ante Dios y aun cuando un Cristiano posea los beneficios de la justificación, podría no estar disfrutando de ellos al desconocer su existencia.

El capítulo 4 de Romanos está dedicado a la imputación y es el puente que une los temas del capítulo anterior y posterior, que tratan de la depravación del hombre y la reconciliación con Dios, respectivamente.

B. Una comprensión incompleta de la imputación lleva a herejías muy difundidas.

Los Católicos, algunos Arminianos y ciertos grupos extremos de los Carismáticos se mantienen en error en cuanto a la imputación, habiendo sido llevados a herejías perjudiciales. En lecciones posteriores se tratarán estos errores.

C. La imputación cierra la puerta al legalismo

El instante en que comprendemos la esencia de la imputación también podremos fácilmente detectar la presencia de Legalismo, logrando que la mentalidad de la justicia por obras desaparece y, como corolario, el libro de Gálatas cobrará vida como nunca antes, para nosotros.

D. La imputación permite que crezcamos espiritualmente con confianza. Calvino lo expresó de esta manera:

A no ser que primeramente se comprenda cuál es nuestra relación con Dios y la naturaleza de su juicio con respecto a cada uno, no se puede tener un fundamento en el cual establecer nuestra salvación, ni tampoco uno sobre el cual podamos construir nuestra devoción a Dios.

Definición

La imputación comprende dos aspectos: el negativo, al no contar nuestros pecados en nuestra contra, y el positivo, al contar la justicia de Cristo como propia nuestra.

Lo dicho no significa que se retire algo o que se infunda o inyecte nada. La idea de infundir es extraña al significado de la palabra griega usada:
logizomai. Existen otras palabras griegas para tales ideas.

El término teológico de imputación se deriva del Vulgata Latín en Romanos 4, en la forma en que se traduce el verbo Griego logizomai y el hebreo hashab.1 Las traducciones modernas invariablemente usan las palabras como: acreditada a, contada por, se le tomó en cuenta por; aunque estos términos son adecuados, el Griego original requiere una definición muy específica, para poder darnos cuenta de lo que NO significa.

El uso en Griego

Léxicos dicen de logizomai:

Sociedades Bíblicas Unidas, Nuevo Testamento en Griego y Léxico: contar, tomar en cuenta por, calcular, tomar en cuenta, acreditar, poner a la cuenta de uno;

Léxico Louw y Nida: mantener archivo de cuentas comerciales, tanto en debe y haber (poner a la cuenta, cargar a la cuenta, marcar como cuenta (1) (Griego: Rom.4:4 to de ergazomeno ho misthos ou logitezai kata charin alla kata opheilema a una persona que ha trabajado, la cuenta no se le otorga ( o no se le apunta en su cuenta) como un regalo, sino como una deuda a pagar ( o una deuda que se le debe.)

Léxico Thayer: tomar en cuenta; pasar a la cuenta de uno, imputar.16

Demos una mirada a un par de usos bíblicos no directamente relacionados con la justificación; (Se indica en negritas logizomai).

Si te ha perjudicado o te debe algo, cárgalo a mi cuenta.
-Filemón 1:18

En la Septuaginta también se encuentra:

será culpado de sangre el tal varón;
- Lev.17:4

Si se comiere de la carne del sacrificio de paz al tercer día, el que lo ofreciere no será acepto, ni le será contado;
-Lev.7:18

El Diccionario Evangélico resume:

«Cargar a la cuenta» ... es una interpretación adecuada del término
Griego logizomai. La noción forense de imputación tiene sus raíces parciales en el lenguaje comercial y jurídico del mundo Greco-Romano: la persona a quien se ha imputado algo es responsable ante la ley.

Vemos que logizomai es otro término legal o forense como justificar. Se refiere a acreditar algo a la cuenta de uno. Siendo deudores a Dios, ese
“algo” se refiere a la justicia de Cristo.

Cuando un contador acredita fondos a su cuenta de banco, no lo pone literalmente en una caja perteneciente a usted, sino que lo pone en libros.

Asimismo, la justicia de Cristo no es alguna sustancia que se nos inyecta. La imputación es una transacción legal únicamente, no es un acto de experiencia.

Un posible malentendido

¿Significaría esto que nuestras almas permanecen vacías cuando somos justificados? ¡De ninguna manera! El Espíritu Santo entra a nuestro corazón y nos confiere todos los beneficios de nuestra salvación.

...Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado. -Rom.5:5

¿Cuáles son estos beneficios? El contexto de Romanos 5 nos indica unos cuantos: reconciliación con Dios, paz, gozo y experimentar el amor del
Padre. La justificación, basada en la imputación, le da a Dios la base para hacer todo esto por nosotros, sin contradecir su santidad.

Cuando somos salvos, experimentamos dramáticos cambios tales como la nueva naturaleza en Cristo, el poder del Espíritu. Nos sentimos verdaderamente limpios por vez primera.

La imputación, sin embargo, no se refiere a ninguna de estas experiencias ni a ninguno de los cambios interiores. Meramente lo hace lógico de que Dios los haga para nosotros. Al tener un nuevo estatus legal ante El, nos cuenta como justos.

Un dicho generalizado entre maestros de la fe reformada que muestra la diferencia entre la justicia legal y experimental es como sigue:
……………………………………………………
La justificación es lo que Dios hace por nosotros;
la santificación es lo que hace dentro de nosotros.
…………………………………………………..

La justificación es lo que Dios hace por nosotros; la santificación es lo que hace dentro de nosotros.

Por la justificación es perfectamente lógico que Dios haga todo tipo de cosas hermosas para nosotros y dentro de nosotros. Después de todo, lo está haciendo para gente que El considera justa.

Es por esto que Hodge, en su excelente Teología Sistemática dice:

La imputación nunca cambia el estado subjetivo interno de la persona imputada. Cuando se imputa robo a un individuo, no se lo hace ladrón. Cuando se imputa bondad a un hombre, no se lo hace bueno. Por consiguiente, cuando se imputa justicia al creyente, éste no se trasforma en justicia subjetiva.

Nótese que Hodge inserta la palabra “subjetivamente.” No está negando a las experiencias subjetiva del creyente, sino que está atribuyendo la obra subjetiva de la santificación a la presencia del Espíritu Santo, no a la imputación. El Espíritu hace que nuestra justicia legal por la justificación llega a ser una realidad experiencial a través del proceso de toda una vida.

Hodge aclara:

La Biblia revela mucho de lo que Cristo hace por nosotros [por la justificación] y lo que hace en nosotros [en nuestra unión con Cristo]... Los Protestantes no deprecian el valor y la necesidad de una nueva vida derivada de Cristo, porque en obediencia a las Escrituras, insisten incansablemente en que Cristo ha satisfecho plenamente la justicia de Dios. Sin esto último, lo anterior sería imposible.

Conmutación

En ocasiones, ciertos escritores utilizan la palabra “conmutación,” al tratar sobre la imputación. Esta obscura palabra da la idea de un intercambio entre dos individuos de una cosa por otra. Siendo así, significaría que nuestros pecados fueron atribuidos a Cristo y su justicia atribuida a nosotros. Un intercambio habría ocurrido entre El y nosotros.
El escritor Puritano Juan Owen, al comentar Romanos 4:6 expresa lo siguiente:

Hay en la Escritura...una conmutación entre Cristo y los creyentes, de pecado y justicia, es decir en la imputación de pecado de sus pecados a El, y de Su justicia a ellos.

En este punto, Owen continúa su explicación usando la idea del chivo expiatorio. En Lev.16:21-22, el sacerdote imputaba los pecados del pueblo al chivo y lo mandaba al campo. Owen interpreta esto como el prototipo de la imputación de nuestros pecados a Cristo.

Mientras que el sacrificio de Cristo se ilustra en el Antiguo Testamento por medio de animales, Pablo lo hace explícito en Romanos 3, donde vemos la inseparable conexión entre justificación y el sacrificio de Cristo... un buen ejemplo de por qué deberíamos ver la Teología Bíblica como unidad inseparable.

Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación ... (26) de este modo, Dios
es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús. Rom
3:25

El paralelo Adán-Cristo: Por qué es lógica la imputación

La imputación de la justicia de Cristo está directamente conectada a la doctrina del Pecado Original. En Romanos 5, Pablo establece el paralelismo entre Adán y Cristo.

Pues si por la trasgresión de un solo hombre reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia reinarán en vida por medio de un solo hombre: Jesucristo. -Rom.5:17

Owen explica el paralelo:

... como el pecado de Adán se nos lo imputa a nosotros para condenación, asimismo la obediencia de Cristo se nos imputa para justificación de vida.

Tal como el pecado de Adán y todas sus consecuencias fue imputado a sus descendientes, asimismo la justicia de Cristo es imputada a los creyentes...

y todas sus consecuencias. De la misma manera en que no somos personalmente responsables de la trasgresión de Adán, tampoco nos merecemos la justicia de Cristo.

Esto ilustra la importancia del sistema en nuestra teología: la negación del pecado original es una negación de la imputación, pues, si es imposible que el pecado de Adán sea atribuido o imputado a nosotros, tampoco la justicia de Cristo podría serlo.

Reconciliación

esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros
el mensaje de la reconciliación. (palabras en negrita indican logizomai.
2Cor.5:19
La reconciliación con Dios es lo principal de la imputación. A causa de ella, el pecador puede relacionarse con Dios sin contradecir su santidad. El fundamento es la justicia de Cristo.

Conclusión

La imputación se refiere a un acto divino dual por el cual no se nos cuentan nuestros pecados, y a la vez se acredita a nuestra cuenta la justicia de Cristo. Como acto forense que es, no involucra la infusión o inyección de nada en nosotros. La imputación provee la base para la reconciliación y a su vez, permite que Dios nos bendiga con el Espíritu Santo y todo lo que el Espíritu nos brinda.



Soli Deo Gloria
bY LeMS
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“Cualquier hombre que piensa que es cristiano y que ha aceptado a Cristo para la justificación sin haberlo aceptado al mismo tiempo para la santificación, se halla miserablemente engañado en la experiencia misma”

Archibal A. Hodge

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