PRESBICOSTESES: NI PRESBITERIANOS NI PENTECOSTESES



Por Guillermo Green

Un hombre pobre había vendido todo lo poquito que tenía y salió por los caminos a buscar una nueva vida. En un lugar desolado le salió al encuentro un extranjero, quien le mostró algo en su mano. "Es un diamante de extrema pureza. Su valor supera todo lo que tú puedas comprar. Entréguelo solamente en el lugar que yo le diré luego, y por el precio que se te dará tendrás más que suficiente para el resto de tu vida, y para heredar a muchas generaciones que vienen". Dicho eso, se desapareció el extranjero.

El pobre miraba aquella pieza inmensa, lo envolvió, y siguió su camino pensando en su buena suerte. Llego luego a un poblado, y a la orilla del camino había tiendas de joyas. En la primera paro a admirar aquello, pero el vendedor, al ver su aspecto humilde, lo insulto: "¡Vete mendigo! Mi oro vale mucho más de lo que tú tienes". Al escuchar estas palabras, el pobre metió su mano en su alforja y saco el diamante. Brillaba en el sol con rayos azules y plateados. El vendedor cambio su tono de inmediato. "Ah, veo que podemos negociar, claro, claro. Tengo precisamente lo que tú buscas". Le mostró una cadena de oro puro, un brazalete de oro puro, y una pieza cruda grande de oro puro. Cuando el pobre vio tanto oro puro, que junto pesaba mucho más que su diamante, hizo el cambio, y siguió su camino.

En el próximo poblado había otros vendedores de joyas, esta vez de plata. Su curiosidad le llevó de nuevo a una de las ventas, pero el vendedor lo trato bruscamente, como el vendedor de oro lo había hecho. Pero cuando el pobre le mostró su oro, el vendedor de plata le ofreció cinco piezas de plata más una bola redonda grande de plata a cambio de su oro. Su carga se hizo más pesada de lo que era el diamante, pero el pobre estaba convencido que la cantidad de plata era mucho más valioso que aquel "pequeño" diamante".

Pues, mientras siguió su camino, el hombre pobre sé encontró con un vendedor de bronce y salió con una urna inmensa que era bronce puro, según el vendedor. Costaba llevarla porque pesaba tanto, pero el hombre pobre estaba seguro de que valía la pena. ¡Era inmensa y pesada! ¡Debía valer mucho! Pasó por los que vendían hierro, y cambio la urna por una carreta hecha de hierro puro, según su vendedor. Al final cambio la carreta por una gran tabla de madera tan grande que no la podía alzar. Se sentó junto a su tabla, admirándola....

1. PRESBICOSTESES INCONFORMES

Hay una generación de Presbiterianos inconformes con su diamante, y lo van cambiando por otras versiones evangélicas que les llaman la atención. Les parece que el oro es mejor que el diamante que tenían, o la plata, o el hierro, o un pedazo de madera. Queremos analizar un poco este fenómeno que muchas iglesias están experimentando. Por lo general, la atracción viene desde el ala neopentecostal, de modo que las iglesias presbiterianas absorben elementos "pentecosteses"  mientras quieren seguir siendo "presbiterianas". Este híbrido extraño de "presbicosteses" denigra a los dos. Ningún presbiteriano realmente puede ser un buen Pentecostés, hablando lenguas, bailando y cayéndose "en el Espíritu" y compartiendo visiones y unciones. Es algo patético cuando los presbiterianos mal imitan a los pentecosteses. Pero consideremos algunos aspectos de este fenómeno.

(Nota: el término 'Presbicostes, no fue mi invento, sino de un amigo mío.

2. QUEREMOS ALGO NUEVO

Casi siempre lo que motiva a una iglesia a introducir practicas pentecostales es el deseo de "algo nuevo". Yo quisiera compartir todas las veces y todas las iglesias que he visto comenzar por ese camino; son muchas. Y estoy convencido que el asunto no es que se considere "lo nuevo" como una versión superior de teología. Al contrario, estoy convencido que en la gran mayoría de los casos ha muerto casi por completo toda sensibilidad teológica. El deseo de "lo nuevo" nace precisamente en un vacío nebuloso teológico.

En mi experiencia, he visto que el clamor por "algo nuevo" es el suspiro de muerte de lo que antes era. Una iglesia presbiteriana que pide "algo nuevo" lo puede tener, pero debe quitar su rótulo que dice "Iglesia Presbiteriana". Realmente lo que se está buscando es una nueva identidad, otra iglesia diferente, no fundada sobre conocimiento, doctrina sana, sino algo siniestro: al parecer humano cambiante.

¿Cuáles son las cosas nuevas que se piden? Generalmente tiene que ver con el culto y las canciones. ¡Pero el culto y las canciones son unas de las cosas que nos identifican como Reformados históricos! Personalmente no estoy en contra de buscar nuevos cánticos bíblicos para el culto. Pero lo que he visto es que los buenos himnos históricos se sustituyen con alguna versión  de música clonada de Marcos Witt, etc. Todas suenan igual, todas dicen los mismo y pocos en las congregaciones las pueden cantar o las quieren cantar.

"Lo nuevo" incluye por supuesto quitar el llamado a la adoración, la confesión de pecados, la oración congregaciónal y prácticamente todos le elementos bíblicos (léase el 'diamante') para crear un culto antropocentrico desprovisto de toda sustancia, tipo Enlace. ¡¿Cómo es posible que si algunos alzan las manos y cierran los ojos creamos que estamos casi en el tercer cielo?! ¡Ojo el truco! ¡Nos están cambiando cosas inferiores por nuestro diamante!

Los moribundos piden morfina. Y muchos pastores están dispuestos a suministrar la morfina en dosis letales en lugar de orar a Dios y luchar por la sanidad del paciente. Ahora que tenemos solamente un gran tablón de madera en lugar del diamante que nos fue heredado, nos sentamos a dejar que la vida pase. ¡Despertemos compañeros! Nos están robando.

3. ¿QUE HA PASADO?

Soy estudiante de la historia, y me he propuesto a observar y estudiar un poco la historia de varias denominaciones Reformadas. Algunas denominaciones duraron sus años antes de perder su identidad, mientras otras murieron rápidamente. Pero casi no hay denominación que haya durado más de un siglo sin volverse liberal o sin perder su identidad original.

Pasé mi juventud en una denominación que durante la década de los 50 y 60 era una iglesia Reformada bien confesional, fuerte en misiones, escuelas cristianas, ministerio de radio y otros. Pero nada más entrando la década a la década de los 70 y luego los 80, perdió su identidad casi de la noche a la mañana. Sus teólogos comenzaron a cuestionar la infabilidad de la Biblia, la historicidad de Adán, las enseñanzas bíblicas sobre género, etc., de modo que hoy esta denominación está bien encaminada hacia el liberalismo. ¿Qué lo que pasó?

Mi opinión es que los predicadores aburrieron a sus oyentes hasta matar su fe. Recuerdo haber escuchado a algunos de esos predicadores. Nunca predicaron herejía, pero sus sermones eran tan aburridos y tan irrelevantes, que mataron todo interés en la salvación y en la Biblia. Muchos se limitaban a predicar unos buenos consejos, unas moralejas, y a realizar algunas visitas cuando era necesario. No tenían ninguna pasión por los perdidos. No tenían interés alguno en las misiones, en él discipulado, ni en asegurar que las futuras generaciones expandieran el evangelio. Se conformaron con cumplir con los deberes normales de su oficio. Era imposible para estos predicadores apasionarse del evangelio de Jesucristo. La 'justificación por la fe' era algo enseñado a los catecúmenos (también de forma aburrida), no motivo de "gloriarse" como afirma Pablo en Romanos 5:2.

El resultado del aburrimiento era que las congregaciones comenzaron a pedir "algo nuevo". ¡Claro! Ante semejante frialdad en el púlpito querían algo. Y al haber matado todo discernimiento, lo "nuevo" era cualquier cosa que los mantuviera despierto por una hora de culto.

Predicadores irrelevantes y malos son una de las causas principales porque la iglesia comienza a pedir "algo nuevo".

Pero hay otro motivo. Predicadores infieles. En toda iglesia Presbiteriana se pide que el predicador, al ser ordenado, tome un voto ante el presbiterio de que sostiene la Confesión de Fe como fiel interpretación de la Biblia, y promete promover su sistema de doctrina. Pero en la práctica muchos no lo hacen. ¿Cuál es la evidencia de esto?

El canal de Enlace promueve una versión apóstata y herética del cristianismo que muchos grupos Neo-pentecostales imitan. La doctrina de Enlace es antitética a toda confesión histórica de fe Reformada. No es "diferente" ni "nuevo". Ha existido desde los falsos maestros en el tiempo del Nuevo Testamento quienes hacían "mercadería" de sus oyentes (2 Pedro 2:1-3). Ha existido desde que los "súper-ungidos" (los anti-Cristos) negaban que Jesucristo fuera el ultimo y máximo "Ungido" (ver 1 Juan 2:18-26). La religión apóstata neopentecostal no es ni "diferente" ni "nuevo".

Pero los pastores infieles a su voto ante su presbiterio, quienes tienen el deber de cuidar y defender el rebaño, están permitiendo que sus congregaciones miren al Neo-pentecostalismo como una opción para "avivar" su culto. ¡Esto es como dirigir a un sediento a la cloaca para que encuentre agua! El mensaje, la música y el ambiente, tomando el ejemplo de Enlace, tiene una misma meta: engañar al incauto para enredarlo en su falso evangelio antropocentrico. No hay nada redimible. Recordando el ejemplo de la parábola, estos pastores son los malos vendedores que siguieron engañando al hombre pobre, cada vez con algo de menos valor, hasta quedar con algo "grandioso" en tamaño ¡pero sin valor ni uso!

 Necesitamos pastores más sinceros. Si han desechado su confesión Reformada, que lo digan y que renuncien a sus cargos. Recordemos que los mentirosos no heredarán el reino de los cielos. Menos los líderes mentirosos. Esto es un asunto muy serio de integridad. Podría perder su trabajo, pero ¡podría salvar su alma!

4. QUE SE DEBE HACER ANTE LA PETICION POR LO "NUEVO"

Lo primero que hay que hacer es revivir la predicación eficaz y apasionada de las grandes doctrinas Reformadas. Antes de arrojarse de cabeza hacia un abismo desconocido, es mucho mejor afirmar los pies sobre lo conocido y lo aprobado. Urge recuperar el lugar de la predicación bíblica.

En nuestros tiempos pragmáticos todos claman por unos cuantos consejos sobre cómo componer alguna área de su vida. Lamentablemente muchos pastores cayeron en la trampa. En lugar de hacer un buen trabajo profundo de exégesis, y luego ordenar un buen sermón con explicación y aplicación, se dejaron ir por la psicología, por lo "practico" superficial, y hoy muchos son incapaces de interpretar bien un pasaje de la Biblia según principios exegéticos sanos. Demasiados pastores cargaron sus bibliotecas de libros sobre auto-ayuda, o técnicas para esto o lo otro, y no comentarios bíblicos. Si dedican tiempo estudiando, es para buscar cuatro o cinco "claves" para el éxito.

Urge un retorno a la práctica que dio a luz a las iglesias Reformadas: la predicación expositiva buena, eficaz y apasionada de la palabra de Dios. Una de las deficiencias hoy es la falta de predicar la historia de la redención. Cuando el predicador pierde de vista la historia de la redención, entonces cada parte de la Biblia termina siendo lo mismo: un relato con buenos consejos. Pero cuando recuperamos el gran panorama de la redención, el predicador deberá manejar siempre las grandes verdades de la creación, la caída en el pecado, la redención en Cristo y el establecimiento del reino de Jesucristo. Su predicación se tornará urgente y practico. No hay nada más práctico que ¡ser salvo del infierno! Y no hay nada más práctico que ofrecer su vida como sacrificio vivo a Jesucristo en las formas claras que la doctrina Reformada lo ha definido históricamente. CLIR está haciendo un esfuerzo por llenar la necesidad de buena literatura, y puedo recomendar El pueblo de la promesa, por S. G. DeGraf, con los comentarios de Juan Calvino entre otros (ver www.clir.net/libros.html).

No solo estoy seguro, sino que lo he visto y comprobado: cuando la palabra de Dios es declarada llana y claramente, la congregación no pide algo "nuevo". Le basta y le sobra el glorioso mensaje de la gracia de Jesucristo. Le basta y le sobra buscar formas concretas de servir a Dios y a su prójimo sin necesidad de nuevas modas que los entretengan.

En segundo lugar, los predicadores deben pedir a Dios discernimiento, y luego dedicar más esfuerzo a analizar las corrientes que no armonizan con la Palabra de Dios. En varias conversaciones me he dado encontrado con pastores y ancianos que no se mes tan esforzando por hacer una labor de análisis. ¡No hay excusa por la pereza en materia espiritual! Un pastor o anciano que no es capaz de distinguir el mensaje falso del Neo-pentecostalismo no debe estar en ese puesto. Un pastor o anciano que no sabe la diferencia entre Enlace y la Confesión de Fe de Westminster no debe estar en ese puesto.

En tercer lugar, los predicadores necesitan pedir a Dios una dosis suficiente de valentía para poder denunciar lo malo cuando sea necesario. Parece que muchos predicadores no conocen la Biblia. O convenientemente olvidan pasajes claves. Pero deben saber que a la cabeza de la fila yendo al infierno están "los cobardes" (Apoc. 21:8). Hoy no es tarde si un predicador ha descuidado su oficio como atalaya. Todavía hay oportunidad de redimir el tiempo. Pero si llega el día del juicio será tarde.  No hay excusa para un predicador que no esté dispuesto a señalar la falsa doctrina y nombrar a los falsos maestros, especialmente si están engañando miembros de su propia congregación.

En cuarto lugar, tal vez el deseo de la congregación por "algo nuevo" es porque en su iglesia se realiza mal un culto Reformado. Como en todo, es posible ser descuidado al preparar el culto. Si el que dirige no toma el tiempo apropiado para escoger buenos pasajes, para presentar un culto coherente que tiene sentido, y que se apoyen las diferentes partes del culto junto con el sermón, entonces le cuesta a la congregación ver la armonía en la liturgia. Los Reformados podemos reconocer que la pereza al preparar el culto puede contribuir a que sea bien aburrido, ¡por supuesto! Pero la solución no es convertir el culto en un culto pentecostal. ¡Hay muchos cultos pentecostales aburridos también! La solución es hacer bien el culto Reformado. Hacia este fin puedo recomendar el libro adoración bíblica  por Nicolás Lammé, publicado por CLIR.

5. ¿PRESBICOSTESES?

No existe tal cosa. Si no es "Presbiteriano" o "Reformado" pleno, no puede ser "mitad Reformado". El Sínodo de Dort hace 400 años aclaró que el arminianismo es totalmente incompatible con el Calvinismo. Hace 400 años la Asamblea de Westminster aclaró bíblicamente que cesaron las revelaciones, visiones y apóstoles. Las revelaciones especiales de Dios habían cesado cuando finalizó el Nuevo Testamento, y el principal medio de revelación hoy es las Sagradas Escrituras. "Revelaciones, profecías y visiones" como lo practican los de Enlace y el movimiento neopentecostal son herejías y anti-Reformadas. El diamante es diamante. Todo lo demás no es diamante; es inferior.

6. CONCLUSIÓN

Nadie me ha dado una buena razón porque cambiar nuestra herencia Reformada por alguna versión del neopentecostalismo. No hay razones convincentes, ni teológicas ni prácticas. Los problemas que hay dentro del seno Reformado y Presbiteriano no son consecuencia de nuestra herencia teológica. Los problemas surgen por aquellos que no son Reformados, son Reformados pero no conocen bien su propia teología.

Muy apreciado lector. Si tú perteneces a una iglesia que practica una fe histórica ¡no cambie su diamante por nada! Puede pulirlo, si. Puedes limpiarlo para que brille más, si. ¡Pero no lo vendas! Esa venta te saldrá mal, te lo aseguro. Solo entrégalo cuando el mismo Señor Jesus te lo pida para cambiarlo por la gloria celestial eterna.


Soli Deo Gloria 
 bY LeMDS

EL ESPIRITU SANTO Y LAS ESCRITURAS



COMO CIERTOS ESPÍRITUS ALBOROTADOS SE APARTAN DE LA ESCRITURA BAJO PRETEXTO DE REVELACIONES DEL ESPÍRITU SANTO

POR JUAN CALVINO
INSTITUCIÓN DE LA RELIGIÓN CRISTIANA (1.IX.1 y 2).

1.      Contra los que exaltan el Espíritu Santo en detrimento de la Palabra.

Los que dejan aún lado la Escritura y se imaginan que pueden encontrar otra vía de acercamiento a Dios están más locos qué equivocados. Recientemente han surgido personas así. Se atribuyen con orgullo haber sido instruidos en la doctrina del Espíritu, desprecian toda lectura y se burlan de la honestidad de los que siguen la “letra muerta y mortificante” del texto como ellos le llaman. Quisiera que me explicaran que espíritu es ese cuya inspiración los arrebata de tal manera que se atreven a menospreciar toda la doctrina de la Escritura, considerándola pueril y tosca. Si me responden que es el Espíritu de Cristo, esa afirmación es ridícula.

Supongo que admiten que los apóstoles y los fieles de la iglesia primitiva fueron inspirados por el Espíritu de Cristo. Ninguno de ellos menosprecio la palabra de Dios, sino que cada mundo de ellos sentía el mayor respeto hacia ella, como atestiguan claramente sus escritos. Isaías ya lo había anunciado. En efecto, al decir que daría su Espíritu a su Iglesia y que pondría su palabra en la boca de ella para que los dos no se desligaran jamás (Isaías 59:21), Isaías no se dirige al pueblo antiguo para ligarlo a la predicación de los hombres, como si se tratase de un niño que aprende a leer. Más bien declara que el mayor bien y la mayor dicha que podemos desear bajo el reino de Cristo es ser conducidos tanto por su Palabra como por su Espíritu. Mi conclusión es que desligar lo que el profeta ha ligado tan estrechamente es un sacrilegio digno de reprensión. Y Pablo que fue arrebatado hasta el tercer cielo (1 Corintios 12:2) no se despreocupo de progresar en el conocimiento de la doctrina de la ley y los profetas. El exhorta también a Timoteo, pese a que era un reconocido doctor, a dedicarse al estudio (1 Timoteo 4:13). Hay que destacar también este elogió de la Escritura, formulado como sigue "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2 Timoteo 3:16). ¿No es una insensatez pretender que la utilidad de la Escritura es algo provisional y por tanto caduco? si, según el testimonio del Espíritu Santo ella sola puede conducir a los hijos de Dios a la perfección.

Me gustaría que esas personas me dijeran si han recibido otro espíritu distinto al que el Señor prometió a sus discípulos. Por muy exaltadas que sean, no creo que se atrevan a pretender eso. Al prometer su Espíritu, ¿qué dijo el Señor al respecto? Anunció que el Espíritu no hablaría de sí mismo, sino que les recordaría a los apóstoles lo que Jesus les había enseñado (Juan 16:13). Según lo que nos prometió, la labor del Espíritu Santo no es la de realizar nuevas revelaciones, desconocidas antes, ni de formar una especie de nueva doctrina y eliminar la verdad del evangelio que hemos recibido, sino más bien la de implantarlo y confirmarlo en nuestros corazones.

2. El Espíritu Santo reconocido de acuerdo con toda la Escritura.

Así pues, entendemos que debemos dedicarnos con diligencia tanto a escuchar como a leer la Escritura, si queremos beneficiarnos de la acción del Espíritu de Dios. Pedro alaba la preocupación de los que permanecen atentos a la palabra profética, que podría haberse considerado caduca una vez surgido el evangelio (2 Pedro 1:19). En efecto, si alguien deja aún lado la sabiduría contenida en la Palabra de Dios para presentarnos una doctrina diferente, debemos, con todo derecho, sospechar de su altivez y engaño (Gálatas 1: y-9). ¿Qué otra doctrina podría ser  esta si sabemos que Satanás se disfraza de Ángel de luz (2 Corintios 11:14)? ¿Qué autoridad tendrá el Espíritu sobre nosotros si no lo discernimos con seguridad? El Espíritu se nos manifiesta claramente por la voz del Señor, pero estos desgraciados prefieren tropezar buscando el espíritu en ellos mismos antes que en Dios.

Se argumenta que sería absurdo que el Espíritu, al cual todo debe sujetarse, estuviera sometido a la Escritura. ¿Es una ignominia para el Espíritu Santo permanecer fiel a sí mismo y no cambiar? Desde luego, si se le sometiera a una regla humana o Angélica, o a cualquier otra cosa, podría decirse que socavaría su grandeza e incluso lo reduciría a servidumbre. Pero si se somete a examen y se considera bajo la luz de sí mismo, ¿quién puede decir que eso lesiona su dignidad? Ellos dicen que eso es lo que pasa, que lo sometemos a examen. Sin duda, pero mediante el tipo de examen por medio del cual el Espíritu Santo ha querido manifestar su majestad. Lo que él ha querido debe por tanto satisfacernos. Pero, para que Satanás no tome ninguna ventaja para imponerse, el Espíritu Santo quiere que lo reconozcamos según la imagen suya que el mismo ha impreso en las Escrituras. Él es el autor de ellas: no puede variar, a riesgo de dejar de ser el mismo. Una vez que se ha dado a conocer, él permanece fiel a sí mismo. En esto no hay afrenta alguna para él, a menos que afirmásemos que para él fuese un honor devaluarse y renunciar a sí mismo.
 


Soli Deo Gloria 
 bY LeMDS

EL SEÑOR EN EL PACTO


TEXTO: GENESIS 15
Por S. G. DE GRAAF
Traducción: Guillermo Kratzig

La palabra del Señor vino en una "visión". Todo el capítulo 15 de Génesis tiene que ver con lo que Abram experimentó en dicha visión. Es cierto que el estado semejante a un trance, en que se hallaba Abram, se convirtió en un profundo sueño que el Señor le envió (v. 12), un sueño similar al de Adán durante la creación de Eva. Sin embargo, esto no es motivo para su poner que la visión terminó con el versículo 5.

Es probable que el estado semejante a un trance, en que se hallaba Abram, con todo cuanto ocurrió en él, no haya durado de una noche (v. 5) a la siguiente (v. 12). En otras palabras, aparentemente no duró más de doce horas. En una visión, como en un sueño, podemos experimentar varios días en un tiempo muy breve.

Otro argumento para incluir la to talidad del capítulo 15 en la visión es la terminación repentina de la historia. No sabemos qué ocurrió con los animales muertos. Los acontecimientos del capítulo no son menos significativos por haber sido experimentados en una visión. De igual manera no debemos considerar como irreal la comunicación de Juan con el ángel y, a través de él, con el Señor (en las visiones del libro de Apocalipsis, el último libro del Nuevo Testamento).

No deberíamos buscar en Génesis15 el origen del pacto entre el Señor y Abram. El pacto ya existía entre ellos en virtud del llamamiento y la promesa según Génesis 12. En Génesis 17 oímos decir al Señor: "Pondré mi pacto entre mí y ti". En Génesis 15, el capítulo que ahora recibe nuestra atención, el Señor muestra a Abram quién es El en el pacto. La conclusión es que el Señor es todo para Abram. "Yo soy tu escudo, tu gran recompensa". El Señor no piensa en recompensar a Abram en términos materiales, puesto que El mismo es el tesoro de Abram. El mismo es la recompensa que recibe Abram mediante la fe.

El hecho de que Abram no sigue al Señor por entre los trozos de animales muertos demuestra que Dios es todo en el pacto y que representa la otra parte del pacto. Sólo el Señor pasa por entre los trozos, lo que es contrario a ciertas costumbres que prevalecían entonces. En el caso de un pacto entre personas, las porciones de los animales muertos representaban ambas partes del pacto. Así como las porciones de los animales pertenecen unas a otras, así se pertenecen mutuamente ambas partes del pacto. Una segunda idea detrás de esta ceremonia es que cualquiera que quebrante el pacto, debe ser muerto como son muertos los animales. En el pacto entre el Señor y Abram, las porciones representan la segunda parte solamente, es decir Abram y el pueblo de Dios. El Señor quiere pasar por entre esas porciones; quiere habitar en medio de su pueblo y ser uno con ellos. De esta manera, dicho signo recibe su cumplimiento final en Cristo, en quien Dios y el hombre son uno.

El Señor está en medio de su pueblo como un horno humeante del cual saltan llamas de fuego. Con frecuencia también está en medio de ellos en las tinieblas y el terror, como fuego purificador. Como el Señor lo indica en Génesis 15, esta señal se cumple por primera vez en la opresión que Israel sufrió en Egipto. Su cumplimiento final es la terrible agonía del Cristo y la purificación de todo el pueblo de Dios. Mediante esa purificación él es nuestra luz, nuestra salvación.

Debemos recordar que en el pacto Dios es todo para su pueblo. Es por eso que se nos dice que Abram creyó en el Señor, y que el Señor le contó su fe como justicia. Ni en estas palabras, ni en ninguna otra parte de Génesis 15 encontramos rasgos de la idea Arminiana de la justificación a causa de la fe, es decir, la idea que la fe, como un hecho meritorio de parte del hombre, es considerada por Dios como substituto del cumplimiento de la ley.

En el pacto, el Señor da todas las cosas al nombre, incluyendo la fe. En Romanos 4:1-5, donde Pablo interpreta estas palabras del Génesis, la fe es evaluada en contraste con las obras. Pablo demuestra que no hay lugar para un solo pensamiento referido a recompensa o alabanza. Fue por medio de la/e que Abram entró en comunión con el Señor. Dicha comunión era considerada una señal de su justicia. El Señor era la justicia de Abram. Esa comunión justificadora entre el Señor y Abram era posible por la obra que un día haría Cristo. En su propio poder lucharía por el favor de la comunión con Dios y expiaría por nuestros pecados.

Este vivir basado en la fe, este con fiar en cosas que no se ven, se manifiesta plenamente en Abram quien se aferra a la promesa a pesar de todas las apariencias y oposiciones. Por eso se lo llama el padre de los creyentes, el padre de los fieles.


Pensamiento clave: En el pacto, el Señor se revela a sí mismo como aquel en quien se cumplen todas
                                  las promesas.   


La promesa de la simiente. Después de su alianza con algunos de los cananeos para lograr el rescate de Lot y su posterior rechazo de mayor contacto con su forma de vivir, Abram volvió a estar solo. Los cananeos tenían su tierra y sus casas y se extendían en gran manera, pero Abram no tenía hijos. Era un extraño en Canaán y no poseía ni siquiera un pequeño campo. No nos sorprende que su fe se veía severamente probada y a veces debilitada.

Un día el Señor envió a Abram una visión. En vez de ver y oír lo que estaba alrededor suyo, Abram tuvo algunas sensaciones extraordinarias. Esta visión no era un sueño, puesto que no estaba dormido, sin embargo, contenía algunas imágenes similares a las del sueño. En la visión el Señor le dijo: "No temas Abram. No te preocupes por ser un extraño en esta tierra, porque yo soy tu escudo. Yo soy tu seguridad en esta tierra, tu gran recompensa. Yo soy tu tesoro y tu posesión, porque yo te hago entrega completa de mi amor".

Abram se gozó sobremanera y sintió el privilegio de recibir esta revelación. ¡Qué bendición! Sin embargo, para Abram esta sensación no lo era todo. No se preocupaba exclusivamente por su felicidad personal. Todavía se preguntaba qué hacer en cuanto a aquellas promesas que el
Señor le había hecho. El Señor le había dicho que tendría muchos descendientes, que llegaría a ser el padre de un gran pueblo que llevaría a este mundo el estandarte del conocimiento del Señor. Se le había prometido que sus descendientes servirían al Señor y poseerían la tierra de Canaán.

Por eso Abram preguntó: "Señor ¿cómo puedes enriquecerme si yo todavía sigo sin tener hijos? Seguramente no soy el único destinatario de la promesa. ¿Cómo se cumplirá tu promesa cuando yo muera? Mi siervo que está a cargo de mi casa es de Damasco y no es pariente. El heredará todas mis posesiones. Entonces mi nombre será olvidado". Esta no era una manifestación de poca fe de parte de Abram. Abram estaba luchando con la palabra de Dios, porque le estaban velados los caminos del Señor. Abram le pedía que el Señor se revelara en forma más completa.

El Señor le dio una señal como respuesta. El Señor no responde con una señal cuando nuestra petición nace de una falta de fe. Pero las cosas cambian cuando en nuestra oración decimos: "Señor yo creo; ayuda mi incredulidad". La respuesta del Señor fue: "Tu heredero no será ese hombre de Damasco, sino tu propio hijo, que todavía ha de nacer".

Aparentemente era de noche cuando esta visión llegó a Abram, puesto que el Señor lo llevó fuera de su tienda y le dijo que mirase las estrellas del cielo. ¡Sus descendientes serían tan innumerables como esas estrellas! Aquella sería su señal, el cielo estrellado. Desde ahora podría mirar todas las noches hacia las estrellas para fortalecer su fe.

¿Tuvo Abram realmente una multitud de descendientes? Sí, real mente los tuvo. Recuerden que no debemos pensar en el pueblo judío como sus únicos descendientes. De aquel pueblo nació el Señor Jesucristo. Mediante la fe también nosotros somos hijos espirituales del Señor Jesucristo, y por lo tanto descendientes de Abram. Todos los creyentes son contados como hijos de Abram.

Sin embargo, aquellos descendientes pertenecían a un futuro lejano. Abram todavía estaba allí totalmente solo, sin un solo hijo. ¿Qué diría ahora al Señor? ¿Se quejaría de que no había forma de cumplir la pro mesa? Abram creía en el Señor. Lo que el Señor dice es verdad. Se puede confiar en él. Por eso, con fe Abram se encomendó a las manos de Dios y descansó en él. Entonces disfrutó una maravillosa comunión con el Señor, una comunión en la que el Señor le perdonó todos sus pecados, lo miró como a su hijo y le habló de su amor y favor.

¿Cómo pudo el Señor mirar con amor a Abram y perdonarle sus pecados? Solamente porque un día el Señor Jesucristo se pondría en el lugar de todos los suyos para expiar sus pecados. ¿Creemos también nosotros,  incondicionalmente, en la Palabra de Dios? Si así lo hacemos, también nos concederá, por amor a Cristo, su gracia perdonadora.

El camino a la tierra prometida. En aquella comunión preciosa, el Señor también repitió su promesa en cuanto a la tierra. "Yo te he sacado de la tierra donde vivías para darte esta tierra. No voy a dejarte en este mundo ignorando totalmente lo que debes hacer". Una vez más vemos que Abram tenía que luchar en fe. Ahora pedía por una señal de que la promesa de Dios se cumpliría.

Pero tampoco en este caso hizo el pedido de una señal por falta de fe. El Señor le dio lo que anhelaba, le dio la más maravillosa señal posible. En el antiguo Cercano Oriente era costumbre para dos personas que habían hecho un pacto, que cortasen animales en dos mitades y luego pasas en juntos entre ellos. Esto significaba que las dos partes del pacto se correspondían las dos mitades de los animales.

El Señor mandó que Abram cortase por la mitad una becerra, una cabra y un carnero. En cada caso los animales debían ser de tres años. Las mitades de los animales muertos debían ser puestas una frente a la otra. También debía matar una tórtola y un palomino.

Abram hizo lo que el Señor le había mandado y luego esperó para ver qué más diría y haría el Señor. Entre tanto, en la visión de Abram había despuntado el nuevo día, él vio llegar aves de rapiña para devorar los trozos de carne. Abram los espantó porque aquellas señales del pacto de Dios le parecían sagradas. No menospreció las señales diciendo que no eran sino animales muertos. En cambio las tuvo en honor como señales del pacto de Dios.

Hoy día todavía tenemos señales del pacto de Dios, es decir, el bautismo y la cena del Señor. Aunque algunas personas menosprecian estas señales, nosotros hemos de usarlas y considerarlas sagradas. Las aves de rapiña que descendían sobre los trozos de carne eran enemigos que no solamente amenazaban las señales, sino también el pacto mismo y la existencia de la posteridad de Abram como el pueblo de Dios.

En aquella visión Abram vivió todo un día esperando la venida del Señor. El Señor deliberadamente lo hizo esperar, para probar su fe y paciencia. ¡Cuántas veces nos hace esperar el Señor también a nosotros!
Sigamos esperando y confiando en él porque no nos fallará.

Hacia la noche el Señor hizo que el estado de Abram, semejante a un trance, se convirtiera en profundo sueño. Entonces le sobrevinieron terror y una gran oscuridad. Finalmente se le apareció el Señor. En aquella oscuridad y terror, el Señor ya le adelantaba algo de lo que quería decirle. Luego procedió a decirle cómo sus propios descendientes llegarían a poseer la tierra de Canaán. No poseerían la tierra hasta antes haber pasado por tiempos de gran terror y opresión. Durante 400 años su pueblo seria oprimido en una tierra extraña. Solamente después de ese periodo de opresión podrían tomar posesión de su herencia.

¿Acaso no se cumplió esta palabra en la historia del pueblo judío? Los descendientes de Abram fueron oprimidos en Egipto durante aproximadamente 400 años. Habiendo pasado dicho periodo, el Señor los trajo a Canaán.

Pero no solamente en la historia de los judíos se cumplió literalmente la palabra de Dios. Nunca debemos olvidar que la verdadera simiente de Abram es el Señor Jesucristo, y que pasajes como éste se refieren primero, y sobre todo a él. En la muerte de Cristo esta palabra alcanzó su cumplimiento final. Jesús sufrió grandes tinieblas y agonías terribles en la cruz a fin de expiar por nuestros pecados y así obtener los cielos y la tierra para nosotros. Hoy día todavía es frecuente que los creyentes re corran la misma ruta para lograr la posesión de todas las cosas en Cristo.

El Señor pasa por entre los animales partidos. En su visión ahora volvía a caer la noche para Abram. ¿Qué cosa pondría el sello oficial al pacto entre el Señor y Abram? ¿Habrían de pasar ambas partes del pacto entre las mitades de los animales muertos? Si así lo hubiesen hecho, ¿no habrían sido entonces ambas partas iguales?

¿Sobre qué base prevalecería el pacto, la fidelidad del Señor o la de Abram? ¿Descansaba la estabilidad del pacto y la continuación del pacto en la fidelidad de Abram? ¿Acaso podría ser fiel Abram si el Señor no lo hacía fiel? ¿Acaso duraría el pacto si el Señor no aseguraba la fidelidad de Abram? Obviamente sólo el Señor podía pasar por entre los trozos de carne. De esa manera expresaría su lazo eterno con Abram y su descendencia.

Fue precisamente eso lo que vio Abram. Ante sus ojos un horno de fuego humeante pasó por entre las mitades de los animales, y una llama salió del humo. ¿Por qué se reveló el Señor en una señal de esa naturaleza? Porque muchas veces está en medio de su pueblo como una luz en medio de las tinieblas y los misterios.

¡Qué poco entendimiento tiene el pueblo de Dios acerca de sus caminos! Con cuánta frecuencia parece que el Señor está opuesto a su pueblo en todas las cosas. Sin embargo, movido por su celo, en realidad está en medio de su pueblo como un fuego consumidor que lo limpia y purifica. De esta manera Dios es su luz y su salvación.

El pueblo de Dios de veras es purificado por él. Él está en medio de ellos y los protege en el pacto, cumpliendo todas las promesas que les ha dado en el pacto. Muchas veces su pueblo es débil e infiel, pero el pacto no depende de la fidelidad de ellos.

Cuando el Señor pasó por entre los trozos de carne, se hizo responsable de la otra parte del pacto. Si nosotros pertenecemos a esa parte (es decir, al pueblo de Dios), entonces también nos será fiel a nosotros, y nos protegerá en el pacto haciéndonos fieles.

¡Ojalá que pudiéramos creer esto de todo corazón y encomendarnos al Señor! El cuidará del cielo y de la tierra, haciendo posible que nosotros le sirvamos eternamente.



Soli Deo Gloria
 bY LeMDS
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“Cualquier hombre que piensa que es cristiano y que ha aceptado a Cristo para la justificación sin haberlo aceptado al mismo tiempo para la santificación, se halla miserablemente engañado en la experiencia misma”

Archibal A. Hodge

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