Lo que los Jueces enseñan a la Iglesia


De W. Robert Godfrey 

Y surgió otra generación después de ellos, que no conocía al Señor ni la obra que había hecho por Israel. (Jueces 2:10) 

Parece increíble que pudiera suceder. Sólo una generación después de Josué, Israel ya no conocía al Señor. ¿Cómo es posible tal situación? 

Esta es una pregunta muy importante, no sólo para los antiguos israelitas, sino también para nosotros. Iglesias, también, han visto una repentina decadencia de una generación a otra. ¿Cómo podemos entender y prevenir este tipo de calamidad? 

El libro de los Jueces proporciona una respuesta muy clara a nuestra pregunta. Su respuesta no dice todo lo que pueda decirse en general, pero sí señala cosas específicas y cruciales que necesitamos reflexionar para así poder entender tanto la situación de Israel como nuestra vulnerabilidad. 
Para empezar, los Jueces nos muestran que Israel cayó en calamidad cuando dejó de vivir por la fe en la Palabra de Dios para vivir con la mirada en los valores y  sabiduría de este mundo. Como vemos en Jueces 2-3, Israel rápidamente cayó en grave pecado y desobediencia, sirviendo a las estatuas y altares de los Baales y casándose con aquellos que no adoraban al Señor. La idolatría y el matrimonio mixto son los grandes pecados contra los cuales Josué advirtió a Israel una y otra vez (Josué 23: 6-13). Y con buena razón, ya que estos dos grandes pecados están interconectados. El uno conduce y refuerza al otro.

B.B. Warfield: Defensor de la Fe.



Hace 25 años di un discurso en una universidad en el oeste de Pensilvania. Después de terminar el servicio, un señor de avanzada edad y su esposa se acercaron a mí y se presentaron como el señor y la señora Johannes Vos. Me sorprendió saber  que el Dr. Vos era hijo del célebre teólogo bíblico Geerhardus Vos que había escrito una obra clásica sobre la historia de la redención titulado Teología Bíblica y que todavía es muy leído en los seminarios. Durante el curso de mi conversación con ellos, el Dr. Vos me relató una experiencia que tuvo de niño cuando vivía en Princeton, Nueva Jersey, donde su padre enseñaba en la Facultad del Seminario Teológico de Princeton. Esto fue en la década de los años 1920, una época en la que el seminario Teológico de Princeton todavía estaba en su apogeo; era la época que ahora conocemos como el “Viejo Princeton.” El Dr. Vos me contó una experiencia que tuvo en el frio invierno de 1921. Vio a un hombre caminar por la acera, envuelto con un pesado abrigo, vestido con un sombrero de fieltro en la cabeza y alrededor de su cuello una bufanda pesada. De repente, este chico se llenó de horror y asombro, ya que aquel hombre al pasar por enfrente de su casa, se detuvo, se apretó el pecho, se desplomó y cayó a la acera. El joven Johannes Vos se quedó por un momento mirando a este hombre, y luego corrió a llamar a su madre. Vio como la ambulancia llegó y se llevó al hombre lejos. El hombre que había caído había sufrido un ataque al corazón, que de hecho resultó ser  fatal. Su nombre era Benjamín Breckinridge Warfield.

Bautismo de Niños: Algunas consideraciones

Por Rev. Augustus Nicodemus Lopes

La práctica de bautizar a los hijos de los cristianos viene desde los inicios del cristianismo. Los Padres de la iglesia, como Ireneo (Siglo II), hablan sobre el bautismo infantil. Orígenes (siglo IV) fue bautizado cuando era niño. Hoy, miles de cristianos evangélicos en el mundo continúan con esta práctica, aunque algunos padres permiten que sus hijos sean bautizados solo para que formen parte de la tradición religiosa en la que nacieron. Para otros, el bautismo es un acto en el cual consagran a sus hijos al Señor, en el que se comprometen solemnemente a educarlos en los caminos de Dios hasta la edad de la razón.

Por supuesto, no todos los evangélicos creen que el bautismo infantil sea la única manera de hacerlo. Muchos prefieren presentar a sus hijos al Señor, sin bautizarlos, pues piensan que el bautismo es solamente para los adultos que creen. Sin embargo, tanto los que bautizan a sus hijos, como los que los presentan, tienen un solo deseo, el de verlos crecer en los caminos del Evangelio, y, cuando tengan la edad suficiente, puedan profesar públicamente su fe en Jesucristo.

Conocer a Dios a través de la experiencia de la gracia de Dios


El éxodo. En las Escrituras hebreas el éxodo se levanta como la gran demostración definitoria del poder, el amor, la fidelidad e intervención liberadora de YHVH a favor de su pueblo. Fue, por lo tanto, un acto fundamental de revelación de sí mismo por parte de Dios, y además una intensa experiencia de aprendizaje para Israel. Incluso, antes de que ocurriera, la palabra profética de Dios por medio de Moisés en anticipación del éxodo enfatiza esto como parte de su propósito.

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“Cualquier hombre que piensa que es cristiano y que ha aceptado a Cristo para la justificación sin haberlo aceptado al mismo tiempo para la santificación, se halla miserablemente engañado en la experiencia misma”

Archibal A. Hodge

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