EL BAUTISMO DE INFANTES EN LOS PACTOS ANTIGUO Y NUEVO



Rev. Jim West
Traducido por Valentín Alpuche 

CAPÍTULO UNO

EL SIGNIFICADO DEL BAUTISMO

¿El bautismo simboliza lo que nosotros hacemos, o lo que Dios hace en nosotros? Si es la primera opción, entonces la discusión acerca de quién debe ser bautizado queda resuelta inmediatamente. El bautismo entonces simbolizaría “nuestra” respuesta al evangelio. Si nosotros somos los que actuamos primero, entonces el bautismo testificaría acerca de lo que nosotros realizamos para nosotros mismos. Esto se traduciría en la frase humanista ligeramente modificada: “Dios bautiza a los que se ayudan a sí mismos”, en vez de “Dios ayuda a los que se ayudan a sí mismos”. El bautismo representaría nuestra fuerza humana y nuestro poder humano en vez del Espíritu de Dios que nos bautiza. Si este simbolismo no-bíblico fuese verdad, lógicamente podríamos inclusive bautizarnos a nosotros mismos. 

Sin embargo, si el bautismo simboliza la obra de Dios en nosotros de tal manera que somos impelidos por Dios para venir a Dios, entonces es mucho más fácil de entender por qué los niños que son incapaces de profesar su fe en Cristo debido a su tierna edad, deben ser bautizados. Si Cristo pudo hacer que incluso las piedras hablaran, ciertamente Él puede hacer que los bebés sean Sus discípulos.
Al leer acerca de las numerosas descripciones del bautismo en la Biblia, nos llama fuertemente la atención la pasividad de las personas bautizadas. Por ejemplo, el apóstol Juan reporta: “Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan, (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos)” (Juan 4:12). La relevancia de esta descripción es que el énfasis recae sobre lo que Jesús mismo hace, no sobre la respuesta humana. Es Jesús quien hace discípulos; es Jesús quien bautiza. Nosotros somos los objetos pasivos. 

Esto significa que el bautismo no es testimonio de nuestra profesión de fe. La razón es que la fe es una gratificación, un don o regalo dispensado por un Dios soberano (Efesios 2:8-9; Hebreos 12:1-2; Filipenses 1:29). El foco primario entonces no es tanto la confesión del bautizado, sino el Bautizador—El que salva por fe y da la fe. Por ejemplo, 1 Corintios 1:3-17 enseña que no debe darse importancia al agente humano que bautiza. Considere cuán absurdo es que alguien decide bautizarse por sí mismo. ¿Por qué sería incorrecto que hiciera eso? La respuesta es que el simbolismo del bautismo sería inmensamente minimizado. Es Dios quien nos bautiza a nosotros, no nosotros mismos. Y la razón por qué Dios nos bautiza es porque Dios implanta la fe salvífica en nuestros corazones (Juan 6:44). En palabras de Geoffrey Bromiley:

“En contraste con la Cena del Señor, el bautismo es un acto en el cual el recipiente tiene un rol pasivo, no activo. Inclusive un convertido adulto no se bautiza como cuando toma, come o bebe. Él es bautizado. No hace algo por y para sí mismo. Más bien, algo se hace por, para y en él” (Children of Promise, p. 32). 

El foco del bautismo no es la fe como nuestra contribución, sino “la fe en el poder de Dios” (Colosenses 2:12). Es debido a que la salvación es por gracia solamente que el bautismo da testimonio de la actividad de Dios en nosotros. Esta es la fuerza de la asombrosa declaración de Pedro de que “el bautismo nos salva” (1 Pedro 3:21). Tal y como el diluvio proveyó una salvación temporal para Noé y su familia, también el bautismo (que es el anti-tipo) nos salva. Por supuesto, no es el lavamiento literal del agua, sino lo que el bautismo simboliza es lo que nos salva. 

El significado central del bautismo del Nuevo Testamento es “unión con Cristo”. El bautismo con agua da testimonio de nuestro ser incorporado o unido a Cristo. Esta definición expande el aforismo incompleto de que el bautismo es una mera “señal externa de un cambio interno”. Tanto Cristo como Pablo definieron el bautismo como unión con Dios el Padre por medio de la unión con Dios el Hijo. Cuando un pecador es bautizado, es bautizado “en/hacia/para” una relación personal. Ser discípulo de Jesús significa que hemos sido bautizados “en/hacia/para” Jesús. 

Hay un número de versículos que apoyan esta simple definición del bautismo. Por ejemplo, en la Gran Comisión, Cristo mandó a Su iglesia que bautizara a todas las naciones “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:20). Cuando somos bautizados “en” el nombre del Dios Trino, sostenemos una relación personal de discipulado con el Dios Trino. Tal vez es semejante a una mujer soltera que toma el apellido de su esposo como su apellido. Cuando está casada, ella sostiene una nueva relación con el hombre que ama. El bautismo, al igual que el matrimonio, magnifica la relación entre el Novio (Cristo) y Su novia (la Iglesia). 

El significado del bautismo de la “unión con Cristo” también es apoyado por Romanos 6:3-4, donde Pablo también usa la preposición “en”. Escribe: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados “en” Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección”.
El bautismo significa unión con Cristo que murió, fue sepultado y resucitó. Da testimonio no de nuestra decisión autónoma, sino de la decisión soberana de Dios quien nos inunda con Su gracia y nos atrae a Sí mismo. 

Que Pablo no está hablando acerca del modo del bautismo en Romanos 6 debe ser obvio. La inmersión como un modo no pudo ser el tema de Pablo porque la muerte, sepultura y resurrección de Cristo no engrana con el simbolismo de la inmersión. Por ejemplo, la inmersión no puede simbolizar la crucifixión, ya que Pablo dice que los cristianos están identificados con la muerte de Cristo. La inmersión no puede simbolizar la sepultura porque Cristo fue sepultado horizontalmente en el sepulcro en vez de serlo perpendicularmente. La inmersión no puede simbolizar la resurrección, ya que el cuerpo de Cristo resucitó dejando el sudario intacto, acomodado, y enrollado. ¿Cómo puede un cuerpo que se levanta y que está sangrando simbolizar esto? Además, no hay ninguna prueba de que Cristo ascendiera verticalmente. Inclusive podemos declarar que Romanos 6 no está tanto describiendo el agua del bautismo, sino más bien nuestro bautismo espiritual en Cristo. Particularmente, Cristo fue sepultado y resucitado. Si los bautistas han definido el bautismo correctamente como inmersión, ¡entonces estamos perdidos! La razón es que la inmersión es puramente negativa. Si el “bautismo” significa ser sumergidos en la muerte de Cristo, somos los más miserables de todos los hombres. ¡No obstante eso es lo único que podría significar si su significado es restringido a la inmersión! Al contrario, la Biblia enseña que Cristo tuvo que ser sumergido (sepultado) y emergido (resucitado). La palabra “inmersión” describe solamente una mitad de la ecuación de la salvación y nos dejaría no sólo a nosotros, sino a Cristo mismo en la sepultura. 

Nuestro énfasis en la unión con Cristo no descuenta las facetas “multi-esplendorosas” del bautismo, las cuales incluyen el lavamiento del pecado por la sangre de Cristo y el derramamiento del Espíritu Santo (Hechos 1:5; 22:16). Sin embargo, el énfasis debe ser la unión con Cristo. Si argüimos que el bautismo es solamente una señal externa de un cambio interno, entonces ciertamente hemos perdido de vista el énfasis de la Biblia en la unión-con-Cristo. 

También debemos recordar que si el bautismo era primariamente una señal externa de un cambio interno, entonces Cristo se equivocó al bautizar a muchos, incluyendo a Judas Iscariote. Si se contra-argumenta que, después de todo, somos bautizados solamente por hombres falibles que cometen errores, entonces tenemos un problema para justificar el ministerio del verdadero Bautizador, Cristo, quien no solamente bautizaba a través de Sus discípulos, sino que daba instrucciones a quien debían ellos bautizar (Juan 4:1-2). 

Hay aún otra razón por qué el bautismo no es puramente “una señal externa de un cambio interno”. El bautismo es también un sello. Tal y como la circuncisión era una señal y un “sello” de la justicia de la fe de Abraham (Romanos 4:11), así también lo es el bautismo. El bautismo como un “sello” es extremadamente importante; ¡es más, una mitad de la ecuación bautismal lo conforma el sello! El significado del sello se ha perdido casi completamente en las iglesias bautistas, y en realidad casi no recibe la clase de atención que incluso es necesaria en las iglesias reformadas. En los días bíblicos, un “sello” autenticaba un documento decretado por un rey. Aseguraba al receptor que el documento era auténtico. De este modo, el mensaje contenido en el documento era leído y recibido con seguridad. De la misma manera, el bautismo es un sello. Certifica que somos el pueblo del pacto de Dios en Cristo, tal y como Abraham fue sellado con “la justicia de la fe”. “El bautismo es un señal y un sello de unión con Cristo”. No es primariamente “una señal externa de un cambio interno”. Porque el bautismo tenía la intención de ser solamente para el pueblo del pacto de Dios, podemos definir el bautismo como “una señal externa y un sello de la unión de pacto con Cristo”. 

También tiene que decirse que el bautismo es un “medio de gracia”. La razón es que Cristo bautiza por medio del ministro (Juan 3:22; 4:1-2). A quien Jesús bautiza, también lo bendice. El bautismo es eficaz, no por ningún poder mágico en el agua, sino por la Persona que bautiza. Tal y como la gracia soberana de Cristo puede ser conferida cuando se predica el Evangelio, así también puede ser conferida eficazmente en el bautismo. Esto es cierto tanto para los adultos y los niños.
Debe ser fácil de entender por qué los niños pueden ser bautizados, especialmente los infantes. Si la salvación es por la gracia soberana de Dios, y si la semilla infante de los creyentes tiene un estatus idéntico o inclusive superior del que ellos tenían en el Antiguo Pacto, ¿por qué no deben ser bautizados? 

PREGUNTAS DE REPASO

1. ¿Qué nos dice Gálatas 3:27 acerca del significado del bautismo en agua? (Por favor tome nota de la preposición).

2. Analice 1 Corintios 10:1-2 y determine el significado del bautismo de Israel. ¿Cómo podía ser posible para toda una nación ser bautizada en un mero hombre? ¿Quién realizó el bautismo?

3. ¿Cómo Jesús puede bautizar más discípulos cuando Él no bautizaba literalmente? (Juan 4:1-2). ¿Qué nos dice esto acerca de la persona que en verdad bautiza cuando los ministros de Dios bautizan?

4. En el siglo 19, Johann Gerhard Oncken era un luterano nominal (de nombre solamente) que fue convertido mientras oía un sermón en Londres sobre Romanos 8:1. Después se mudó a Hamburgo donde llegó a ser un predicador. Se comunicaba por cartas con Robert Haldane y por la influencia de éste, Oncken se hizo bautista. Sin embargo, Oncken no pudo encontrar a un ministro en Alemania que estuviera de acuerdo en bautizarlo. Haldane le aconsejó que él mismo se bautizara. ¿Fue éste un buen consejo?

5. John Gerstner fue invitado a predicar en una iglesia presbiteriana local. Cuando llegó, los ancianos le informaron que habría bautismo de infantes ese día. Gerstner estuvo de acuerdo en realizar todo el servicio. Después un anciano le explicó una antigua costumbre de la iglesia. Se le pidió a Gerstner que presentara una rosa blanca a los padres de cada infante antes de que fuesen bautizados. El anciano explicó: “Presentamos la rosa blanca como un símbolo de la inocencia del niño delante de Dios”. Gerstner respondió: “Ya veo. Y, ¿qué simboliza el agua?” ¿Qué enseña esta ilustración?

6. El artículo 15 de la Confesión Belga declara que nuestro pecado original no es “del todo abolido o completamente erradicado ni siquiera por el bautismo”. ¿Esta declaración adscribe demasiado poder al bautismo? O, ¿es una reacción saludable en contra de los Anabaptistas (y Bautistas) quienes restan importancia o niegan la obra de Cristo de impartir gracia cuando Él bautiza? ¿Es el bautismo de la Biblia un bautismo sin poder?

7. Somos bautizados porque nosotros damos el primer paso para venir a Cristo. Verdadero/Falso.

8. Ya que el bautismo es una señal externa de un cambio interno, podemos saber quién han cambiado internamente. Verdadero/Falso.

9. Romanos 6 claramente enseña el modo del bautismo cristiano. Verdadero/Falso.

10. Un niño que es muy joven para profesar una fe sincera en Cristo no debe ser bautizado. Verdadero/Falso.

11. Cuando la Escritura dice que somos bautizados en el nombre de Cristo, significa solamente que somos bautizados por la autoridad de Cristo. Verdadero/Falso.

12. Una persona puede bautizarse a sí misma si no hay ningún ministro disponible para bautizar. Verdadero/Falso.

13. Jesús pudo haberse bautizado legítimamente con agua (Use Lucas 12:50). Verdadero/Falso.

14. Mateo 3:14 enseña que Juan no estaba bautizado porque no se podía bautizar él mismo. Verdadero/Falso.

15. Una definición completa del bautismo es que es una señal de la unión de pacto con Jesucristo. Verdadero/Falso.

16. Si no hay agua disponible, sería legítimo bautizar con arena. Verdadero/Falso.


Soli Deo Gloria 
bY LeMDS

POR QUÉ LOS CREDOS SON NECESARIOS


Por Rev. David Fagrey


Traducido con el debido permiso por Valentín Alpuche.
Artículo tomado de la revista Reformed Herald de la Iglesia Reformada en los Estados Unidos (RCUS).

Hay muchas iglesias y cristianos profesantes que no creen en los credos o en las confesiones. Ellos tienen lemas como “Nada de credos, sino sólo la Biblia”, o “Nada de credos, sino sólo Cristo”. Pero el hecho es éste: no podemos escaparnos de los credos; son inescapables. La palabra credo proviene de la palabra latina “credo” que significa “yo creo”. Declaraciones tales como “Creo que Jesús es Señor” o “Creo en la resurrección de Cristo” son credos, ya sea que estén en forma escrita o no. Inclusive decir “no tengo un credo” es un credo. Y la declaración “Nada de credos, sino sólo Cristo” es un credo de mala calidad porque no nos dice nada acerca de Cristo. Además, ¿cómo puede una persona unirse honestamente a una iglesia particular si no puede encontrar la declaración formal y oficial de lo que cree dicha iglesia?

Algunas personas están en contra de los credos simplemente porque son “hechos por hombres”. Pero sólo porque algo es hecho por los hombres no significa que sea desconfiable o inexacto. El mapa de carreteras no es una interpretación perfecta de la superficie de la tierra, pero aun así es confiable y acertado. El propósito de un credo es proporcionar un resumen fiel y exacto de las enseñanzas básicas de la Biblia.
 
LA BIBLIA EXIGE QUE TENGAMOS CREDOS

No basta con decir que creemos la Biblia. Todas las sectas y los herejes apelan a la Biblia para probar sus enseñanzas falsas. La verdadera pregunta es: ¿cómo uno “entiende” la enseñanza de la Biblia? El sólo citar la Escritura no basta. Satanás citó la Escritura cuando tentó a Jesús (Mateo 4:6); no cabe duda que Satanás maliciosamente interpretó erróneamente la Escritura.

Por lo tanto, la Biblia tiene que ser interpretada “correctamente”. En 2 Timoteo 2:15 el apóstol Pablo le dijo a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien [que interpreta correctamente] la palabra de verdad”. La Biblia tiene que ser estudiada e interpretada cuidadosamente. Tenemos que unir varios versículos y ver cómo cada uno afecta al otro. Ningún pasaje aislado nos dice todo acerca de Dios o de Jesús. Es necesario reunir todos los versículos, o todos los que podamos, para formular una declaración que resuma el significado total. Éste es el propósito de un credo: “proporcionar un resumen cuidadoso y exacto de las enseñanzas básicas de la Biblia”.

Hay muchas personas que asumen que nadie sabe realmente lo que la Biblia enseña porque hay muchísimas interpretaciones. Pero es una mentira decir que la verdad no puede ser conocida. En Juan 17:17 Jesús dijo: “tu palabra es verdad [la palabra de Dios]”. En Efesios 4:15 Pablo dijo que habláramos la verdad en amor. La Biblia nunca nos mandaría “hablar la verdad” si no se puede conocer la verdad. En el Día del Juicio, Dios no va a permitir la siguiente excusa: “No sabía qué creer porque había muchísimas interpretaciones”. Dios nos preguntará: “¿Estudiaste Mi Palabra? ¿Pediste que te diera entendimiento?”

Tenemos que “aprender” cómo interpretar correctamente la Biblia. Es la tarea de la Iglesia enseñar al pueblo de Dios cómo interpretar correctamente la Biblia. La Iglesia es la “columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:15). En 2 Pedro 3:16 Pedro dio la advertencia de que “los indoctos e inconstantes tuercen” las Escrituras. Tenemos que ser “enseñados” por maestros piadosos cómo interpretar correctamente la Biblia. Esta instrucción no puede hacerse sin credos: “resúmenes o sumarios exactos de la verdad”.


LOS CREDOS PRESERVAN UNA INTERPRETACIÓN CORRECTA DE LA BIBLIA

Jesús dio a Su Iglesia líderes (que eran elegidos por la congregación) para que declaren la verdad y refuten la enseñanza falsa (ver Hechos 20:28-30). Jesús dijo: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15). No debemos sorprendernos de que haya tantas interpretaciones falsas de la Biblia. ¡Jesús y Sus apóstoles nos dijeron anticipadamente que habría muchas interpretaciones falsas de la Biblia! El hecho de que Jesús diera la advertencia de tener cuidado con la enseñanza falsa significa que es posible identificar lo que es falso y lo que es verdadero. Es precisamente debido a que hay muchísimas falsas interpretaciones de la Biblia (muchísimos credos falsos) que necesitamos credos “correctos” para preservar las interpretaciones “correctas” de la Biblia.

La experiencia ha demostrado que los credos sirven como protección en contra de la enseñanza falsa. La mayoría de las veces la misma gente que se opone a los credos y a las confesiones normalmente tienen opiniones incorrectas y corrompidas.

LOS CREDOS SON UN CIMIENTO DE LA VERDADERA UNIDAD

En Amós 3:3 el profeta pregunta retóricamente: “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” La respuesta obvia es “no”. Dos personas no pueden caminar juntas a menos que estén de acuerdo. No hay una verdadera unidad a menos que estemos de acuerdo en lo que la Biblia enseña. No hay unidad si cada persona tiene ideas diferentes acerca de quién es Jesús o cómo Jesús salva a los pecadores.

La Escritura manda a los creyentes a pensar igual, a tener la misma interpretación correcta de la Biblia. Sólo hay una interpretación correcta de la Biblia. Dios no habla en doble sentido para engañarnos; por lo tanto, la meta es llegar “juntos” a la interpretación correcta (Romanos 15:5-6). No dice que cada persona deba interpretar la Biblia como quiera sin dar cuentas a nadie. Si veo algo en la Biblia que nadie más puede ver, entonces mi interpretación es sospechosa de ser incorrecta. El Espíritu Santo no revela la verdad sólo a un creyente y después hace que todos los demás dependan de él o ella. El Espíritu Santo guía a todo el pueblo de Dios a la verdad (Juan 16:13). La verdadera unidad es cuando tenemos la misma interpretación correcta de la Biblia; y necesitamos los credos para mostrar nuestro acuerdo y unidad.

Además, antes de que la iglesia pueda detectar a falsos maestros y deponerlos, los oficiales y miembros tienen que estar de acuerdo en la verdad. La verdad tiene que ser conocida públicamente y puesta por escrito como la posición oficial de la iglesia.

CONCLUSIÓN

No tenemos necesidad de reinventar la rueda. No tenemos necesidad de reinventar el cristianismo cada domingo. Ciertamente debemos seguir a los credos hasta donde estén de acuerdo con la Escritura, pero también es muy cierto que es tonto, arrogante y en contra de la historia (anti-histórico) rechazar una de las vías primarias por medio de las cuales la iglesia con mucho esfuerzo ha transmitido su fe de generación en generación. No operamos de esa manera en ninguna otra área de la vida. En ninguna rama de la ciencia habría ningún avance si cada generación empezara de nuevo independientemente de lo que las generaciones pasadas han logrado avanzar.

Es inevitable. Vamos a seguir la interpretación de la Biblia de alguien, ya sea que esté de acuerdo con la nuestra o no. ¡Cuánto mejor es someternos a los credos que han sido probados y corroborados por medio de la verdad que está en la Biblia y por medio de muchas iglesias fieles a través de los siglos!


Soli Deo Gloria 
bY LeMDS

ARREPENTIMIENTO O FE: ¿CUÁLVIENE PRIMERO?



John Murray (1898-1975)
 

 ¿Cual viene primero? ¿Fe o arrepentimiento? Es una pregunta innecesaria, e insistir que uno es anterior al otro es en vano. No existe una prioridad. La fe que es para salvación es una fe penitente y el arrepentimiento que es para vida es un arrepentimiento que cree… La interdependencia de fe y arrepentimiento puede notarse enseguida cuando recordamos que la fe es fe en Cristo para salvación de los pecados. Pero si se dirige la fe hacia la salvación del pecado, tiene que haber aborrecimiento por el pecado y el anhelo de ser salvo de él. Tal aborrecimiento del pecado involucra arrepentimiento, que esencialmente consiste en volvernos del pecado hacia Dios. Lo recalco, si recordamos que el arrepentimiento es volvernos del pecado hacia Dios, el volvernos hacia Dios implica fe en la misericordia de Dios tal como fue revelada en Cristo. Es imposible desenredar la fe del arrepentimiento. La fe salvadora está saturada de arrepentimiento y el arrepentimiento está saturado de fe. La regeneración se expresa conforme practicamos la fe y el arrepentimiento.

El arrepentimiento consiste esencialmente de un cambio en el corazón, en la mente y en la voluntad. El cambio en el corazón, en la mente y en la voluntad se refiere principalmente a cuatro cosas. Es un cambio en la mente respecto a Dios, respecto a nosotros mismos, respecto al pecado y respecto a la justicia. Sin la regeneración, nuestro pensamiento acerca de Dios, de nosotros mismos, del pecado y de la justicia se encuentra radicalmente pervertido. La regeneración cambia nuestro corazón y nuestra mente. Los renueva radicalmente. Por lo tanto, sucede un cambio radical en nuestros pensamientos y sentimientos. Las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas. Es muy importante observar que la fe que es para salvación es una fe que va acompañada por el cambio en los pensamientos y en las actitudes. Con demasiada frecuencia en los círculos evangélicos, particularmente en la evangelización popular, lo trascendental del cambio que la fe simboliza no es comprendido ni apreciado. Existen dos errores. Uno es poner la fe fuera del contexto que le da significado. El otro es pensar en la fe en términos de una simple decisión y una, por cierto, bastante barata. Estos errores se relacionan íntimamente y se condicionan mutuamente. El énfasis sobre el arrepentimiento y sobre el cambio profundo de pensamiento y sentimientos que esto involucra es precisamente lo que se necesita para corregir este concepto de la fe, que empobrece y destruye el alma. La naturaleza del arrepentimiento sirve para acentuar la urgencia de las cuestiones en juego en la demanda del evangelio, el apartarse del pecado que la aceptación del evangelio significa, y la totalmente nueva manera de ver las cosas que la fe del evangelio imparte.

No hemos de pensar en el arrepentimiento como algo que consiste meramente de un cambio general en la manera de pensar. Es muy particular y concreto. Y como es un cambio en la manera de pensar con respecto al pecado, es un cambio en la manera de pensar con respecto a pecados en particular, pecados en toda la particularidad e individualidad que tienen nuestros pecados. Nos es muy fácil hablar del pecado, de censurarlos, y censurar los pecados particulares de otros, y a la vez no estar arrepentidos de nuestros propios pecados en particular. La prueba del arrepentimiento es la autenticidad y firmeza de nuestro arrepentimiento con respecto a nuestros propios pecados, pecados caracterizados por lo peculiarmente insoportable que nos resultan ser. El arrepentimiento, en el caso de los tesalonicenses, se manifestó en el hecho de que se apartaron de los ídolos para servir al Dios viviente. Era su idolatría lo que caracterizaba la evidencia de su enemistad con Dios, y era el arrepentimiento de esta enemistad la prueba de la autenticidad de su fe y esperanza (1 Tes. 1:9-10).

El evangelio no es solo que por gracia somos salvos por medio de la fe, sino que es también el evangelio de arrepentimiento. Cuando Jesús, después de su resurrección, abrió el entendimiento de sus discípulos a fin de que pudieran comprender las Escrituras, les dijo: “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones” (Luc. 24:46-47). Cuando Pedro predicó a las multitudes en Pentecostés, se sintieron constreñidos a decir: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” Pedro respondió: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Hch. 2:37-38). Más adelante, de igual manera, Pedro interpretó la exaltación de Cristo como una exaltación en la capacidad de “Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados” (Hch. 5:31). ¿Puede haber algo que certifique con más claridad que el evangelio es el evangelio del arrepentimiento más que el hecho de que el ministerio celestial de Jesús como Salvador consiste en dispensar arrepentimiento para perdón de los pecados? Por lo tanto, Pablo, cuando dio un informe de su propio ministerio a los ancianos de Éfeso, dijo que había testificado “a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hch. 20:21). Y el escritor de la epístola a los Hebreos indica que “el arrepentimiento de obras muertas” es uno de los primeros principios de la doctrina de Cristo (Heb. 6:1). No puede ser de otra manera. La vida nueva en Cristo Jesús significa que las ataduras que nos amarran al dominio del pecado han sido rotas. El creyente está muerto al pecado por el cuerpo de Cristo, el viejo hombre ha sido crucificado para que el cuerpo del pecado sea destruido, y de allí en adelante no sirve al pecado (Rom. 6:2, 6). Esta ruptura con el pasado queda registrada conscientemente al volverse del pecado a Dios “con total propósito de y procurando una nueva obediencia”…

El arrepentimiento es lo que describe la respuesta de volverse del pecado a Dios. Este es su carácter específico tal como es el carácter específico de la fe recibir a Cristo y confiar exclusivamente en él para salvación. El arrepentimiento nos recuerda que si la fe que profesamos es una fe que nos permite andar en los caminos de este mundo corrupto de hoy, en la lascivia de la carne, la lascivia de la vista y la vanagloria de la vida y en la comunión con las obras de tinieblas, entonces nuestra fe es una burla y un engaño. La fe verdadera está saturada de arrepentimiento. Y así como la fe no es solo un acto momentáneo, sino una actitud permanente de fe y confianza en el Salvador, así también el arrepentimiento resulta en una contrición constante. El espíritu quebrantado y el corazón contrito son señales permanentes del alma creyente… la sangre de Cristo es el lavabo del limpiamiento inicial, pero es también la fuente a la cual el creyente tiene que recurrir continuamente. Es en la cruz de Cristo que el arrepentimiento tiene su comienzo; es en la cruz de Cristo que tiene que seguir revelando sus sentimientos en las lágrimas de confesión y contrición.

De Redemption: Accomplished and Applied (Redención: Lograda y aplicada), publicado porWm. E. Eerdmans Publishing Company, www.eerdmans.com. Usado con permiso.

John Murray (1898-1975): Teólogo reformado, autor de Principles of Conduct (Principios de conducta) y muchos otros, nacido en Badbea, Sutherland County, Escocia.



Soli Deo Gloria 
 bY LeMDS
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“Cualquier hombre que piensa que es cristiano y que ha aceptado a Cristo para la justificación sin haberlo aceptado al mismo tiempo para la santificación, se halla miserablemente engañado en la experiencia misma”

Archibal A. Hodge

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