LA teología del pacto ilustrada (2)

Romanos 5 y la representación federal de adán y cristo
Por S. M. baugh

Por medio de Un Hombre, el pecado, por medio de Un Hombre, la justicia
Entendiendo la Teología del Pacto

Adán como Representante Federal


Pablo distingue cuidadosamente entre “pecado” y “transgresión” en Romanos 5:14, lo cual directamente se relaciona con una lectura pactal. Aquellos que murieron desde Adán hasta Moisés pecaron (v. 14; cf. e.g., Gén. 6:5, 11-12), pero no fue como la transgresión de Adán, porque Adán se hallaba bajo un pacto de obras sancionado por una maldición por desobediencia: “El día que comas de ese árbol, morirás.” Esta es la distinción entre el período Adánico anterior a la caída y el posterior – la disposición pactal era diferente.
[i][16]

Este pacto con Adán demandaba de él obediencia personal y personalmente le obligaba a guardar toda la santa ley de Dios escrita en su corazón como criatura hecha a la imagen divina (cf. Rom. 2:14-15) y el mandamiento especial probatorio de no comer del árbol señalado. Adán ya era la cabeza natural de la raza en virtud del orden de creación (1 Cor. 11:8-9; 1 Tim. 2:13), pero por emitir el mandamiento sancionado por una maldición por desobediencia, Dios estaba manifestando a Adán como un representante especial federal de toda la raza. Para una audiencia Judía la emisión de un mandamiento sancionado con la muerte era equivalente a la emisión de un pacto: “Pues el pacto antiguo es ‘Ciertamente morirás’” (Sabiduría de Ben Sirach 14:17; II siglo A.C.; énfasis añadido).
[ii][17]

[i][16] Para leer más sobre la frase “desde Adán hasta Moisés” véase especialmente Meredith G. Kline, “El Evangelio hasta la Ley: Rom. 5:13-14 y el Antiguo Testamento,” Journal of the Evangelical Theological Society 34 (1991), 433-46.

[ii][17] Esto es solo parte del fundamento para una lectura del acuerdo Adánico como un fenómeno pactal. Véase también, por ejemplo, Oseas 6:7: “Mas ellos, cual Adán, traspasaron el pacto” (RV60), el que claramente implica un pacto Adánico. Esta lectura ha sido desafiada por algunos a lo largo de los años, pero un buen análisis es todavía: B. B. Warfield, “Oseas VI, 7: ¿Adán u Hombre?” en Obras Breves Escritas de Benjamín B. Warfield, Vol. 1 (Phillipsburg: P&R, 1970), 116.29.

Adán como Tipo de Cristo

Pablo muestra profundamente la interrelación de Cristo con Adán en Romanos 5:14 cuando dice que Adán “es figura [Griego typos] del que había de venir.” Pablo pudo haber dicho que Adán era “una figura de Cristo,” puesto que esto es lo que quiere decir. En lugar de ello, revela en una manera sutil que Cristo ya estaba a la vista cuando Adán fue erigido como representante federal de su raza: Adán era una “figura del [Último] Adán por venir” quien estaba destinado para servir como la cabeza sobre todas las cosas en el futuro.
[i][18] En otras palabras, aunque Adán fue primero en el tiempo, el liderazgo pactal de Cristo en el nuevo pacto ya estaba a la vista en el consejo de Dios. Este es el vínculo que valida la comparación que Pablo hace de la transgresión de Adán con el acto de obediencia de Cristo y sus respectivos resultados.

Hasta aquí nos hemos enfocado en el pacto de obras y la conexión Adánica con la raza y cómo Pablo interrelaciona a Adán y Cristo, pero debiera enfatizarse que el propósito principal de Pablo aquí – ¡como siempre! – es la abrumadora gloria de la gracia (i.e., el punto de los vv. 15 – 17). La comparación entre Adán y Cristo subraya el hecho que si la desobediencia pactal de Adán (v. 19) tuvo consecuencias reales llevando a la condenación (v. 18) porque todos fueron judicialmente constituidos pecadores por la transgresión de Adán (v. 19), entonces en una manera análoga la obediencia pactal de Cristo (v. 19) tuvo también consecuencias reales. En Cristo, el recién re-creado pueblo del pacto (Efe. 2:14-18) es judicialmente constituido justo (v. 19) – aún cuando en sí mismos ellos no son justos (Rom. 5:7; cf. 1 Ped. 3:18) – y, por tanto, son justificados por la obediencia pactal de su Fiador y Mediador. Todos los que rechacen a Cristo deben, ellos mismos, cargar con la plena obligación de guardar toda la ley personalmente (especialmente Gál. 5:2-3). No obstante, en Adán todos están ya condenados por el “pacto eterno” (Isa. 24:5-6).

Dado que esta maldición amenazante de la ley de Dios se halla siempre en el trasfondo (e.g., Deut. 27:15-26; 3:10-14), los profetas del Antiguo Testamento miraron hacia delante, hacia el perdón de pecados y la comunión eterna con Dios en el nuevo pacto (e.g., Jer. 31:31ss.; Eze. 16:61-63; Zac. 9:11). Con la venida de Cristo, Dios ahora ha manifestado la base judicial para el cumplimiento de las promesas del nuevo pacto: el intercambio de la vida de su encarnado Hijo por la vida de su pueblo quienes de otra manera caerían bajo la inexorable maldición de su ley pactal por la transgresión de Adán lo mismo que por sus propios pecados (Rom. 3:25-26; Gál. 3:13; 2 Cor. 5:21; Heb. 9:14-15). Y todas las manifestaciones preliminares del pacto de gracia bajo el Antiguo Testamento mostraban este hecho primario: que por el uno los muchos reciben la herencia prometida. El pacto con Noé trajo liberación del diluvio-juicio a toda su casa (Gén. 6:18; Heb. 11:7); los Israelitas recibieron la herencia tipológica de Palestina debido al pacto de Dios con Abraham (e.g., Éxo. 3:6-7; Lev. 26:24); cuando Finees recibió el “pacto de paz” de Dios sus descendientes se beneficiaron con un sacerdocio perpetuo (Núm. 25:12-13) y los herederos del pacto Davídico heredaron tratamiento especial como hijos de Dios (2 Sam. 7:8-16; cf. Apoc. 21:7).
[ii][19]

El “pacto de paz” extendido a Finees es particularmente interesante porque es interpretado posteriormente en el Salmo 106 como siendo equivalente a recibir gracia imputada: “Y le fue contado [acreditado, N. del T.] por justicia de generación en generación para siempre” (Salmo 106:31; énfasis añadido). Estos son los mismos términos usados en relación con Abraham quien fue contado como justo por la fe (Gén. 15:6) y muestra la conexión orgánica de pensamiento en la Biblia entre imputación y pacto que Pablo está desarrollando en Romanos 5:12-21.

La Importancia del Pacto

El Pacto es el tejido de toda la Biblia. Una vez que este esquema fundamental del pacto se vuelve claro en la Escritura, todos los patrones de las relaciones de Dios con los hijos e hijas de Adán se revelan en un rico tapiz que unifica las Escrituras. Hemos visto que Adán en Romanos 5:12-21 era el representante federal de su raza bajo el pacto de obras. Teólogos que se hacen oír rechazan completamente este entendimiento de la enseñanza de Pablo, porque “viola todo sentido de justicia.”
[iii][20] Pero si vamos a usar nuestro “sentido de justicia” como criterio último para juzgar las verdades de la Escritura, entonces ¿no debiésemos también negar todas las imputaciones pactales? Si el pecado no puede ser imputado de uno a muchos, a la inversa, no puede ser imputado de los muchos a uno. Bajo este método, ¿cómo podemos sostener que “llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” “el justo por los injustos” (1 Ped. 2:24; 3:18; cf. Isa. 53)? ¿No violaría esto también nuestro sentido de justicia? Y si nuestros pecados no fueron imputados a Cristo, tampoco puede su justicia volverse nuestra (e.g., 1 Cor. 1:30; 2 Cor. 5:21). Entonces seríamos todos cortados de Cristo y personalmente obligados (como fue Adán), a guardar toda la santa ley de Dios nosotros mismos (otra vez Gál. 5:2-3).

En contraste a esta lúgubre perspectiva, la teología del Pacto ofrece un fresco replanteamiento de las perspectivas clásicas Protestantes en las verdades esenciales de la justificación como la justicia imputada de Cristo solo por gracia y recibida solo por fe. Lo que hace que la imputación opere es el pacto, pues el pacto es el instrumento forense por el cual Dios extiende fielmente sus bendiciones a los herederos del pacto de gracia. La maldición sobre Adán no fue la última palabra sobre el pacto en la Biblia. Esto es lo que emociona a Pablo en Romanos 5:12-21 y lo que emociona también a los teólogos del pacto:

“abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo (v. 15)... pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación (v. 16)... mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. (v. 17)... por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida (v. 18)... por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos (v. 19)... así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro (v. 21; RV60).

¿Qué es un Pacto?

Dios se revela a sí mismo a través de las Escrituras como un Dios hacedor de pacto: “estableceré mi pacto contigo” (Gén. 6:18). Un pacto es principalmente un acuerdo legal entre dos partes, usualmente establecido con un voto de juramento y definido por los compromisos involucrados divinamente sancionados. Hay solamente dos maneras en las que un pacto puede ser tratado por las partes: observación y violación. El mismo pacto dicta bendiciones o maldiciones dependiendo de este resultado. Así pues, los pactos funcionan como instrumentos del reinado de Dios, determinando su relación tanto con el hombre en general, y con su pueblo en particular. Así pues, los pactos no son ni siempre redentores, ni siempre llenos de gracia. Todos los hombres se relacionan con Dios vía pactos.

La objeción de que esta es una manera “legalista” de ver a Dios es sin fundamento y mal interpreta la naturaleza fundamental de un pacto, el cual es lo suficientemente flexible para expresar tanto la justicia pura y el perfecto amor – tanto ley como Evangelio. No disminuye el amor de un padre por un hijo si este es expresado por la promesa incondicional del padre de cuidar con ternura de él, pase lo que pase. Ni es el amor entre un hombre y su esposa disminuido porque es sellado con un pacto irrevocable.

En las páginas siguientes buscaremos establecer una serie de distinciones claves. Primero, hay tres pactos mayores en las Escrituras, determinados por las partes involucradas: 1) El pacto del Creador con el hombre; 2) el pacto del Padre con el Hijo; 3) el pacto del Señor con su Iglesia. Segundo, estos pactos son sustentados por los principios básicos de obras y/o de gracia. Tercero, debemos distinguir apropiadamente entre las varias administraciones de la gracia pactal del Señor con su iglesia a través de la historia de la redención.

El Pacto de Creación

El reino de Dios, como existía en Edén anterior a la caída, a menudo ha sido identificado como gobernado por un pacto, establecido entre el Creador Dios y Adán, usualmente conocido como el pacto de obras, o pacto de la creación. Aunque “pacto” no es mencionado en el texto de Génesis 1 a 3 las Escrituras posteriormente usan este mismo lenguaje para describir ese acuerdo. Más importante, la sustancia de un acuerdo pactal está presente en el relato. La relación entre Dios y el hombre fue establecida a través de palabras divinas y actos de compromiso. Estas incluyen tanto la misma palabra creativa (1:3ss.), lo mismo que los claros mandamientos de señorear la tierra, cultivar el Jardín y abstenerse de comer del árbol del conocimiento del bien y del mal (1:28, 2:15ss.). La sanción de la muerte sobre la base de desobediencia (2:17) es una maldición explícitamente declarada, con una promesa implicada de vida continua basada en la obediencia. Lo que es más, hay incluso una fuerte implicación de una recompensa mayor de confirmación para la vida eterna.

Es esencial entender que el pacto de creación fue fundamentalmente sustentado por el principio de obras: “los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos” (Lev. 18:5). Si resultaba en bendición o maldición dependía enteramente de la obediencia de Adán, prometiendo Dios imponer solamente la justa recompensa. Esta condicionalidad es el rasgo distintivo primario de los pactos de obras.

El Pacto de Redención

Aunque es común asociar la redención exclusivamente con la gracia, esta sobre-simplificación falla en dar cuenta del rol esencial que las obras juegan en nuestra redención – las obras de Cristo. “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos” (Rom. 5:19). El plan redentor de Dios responde a la desobediencia de Adán (en el pacto de creación orientado por las obras) con la perfecta obediencia del Último Adán (en el pacto similar de Redención orientado por las obras). En este sentido, el principio de obras subyace en todos los pactos bíblicos. Resulta mucha confusión de la falla en reconocer este hecho.

El acuerdo eterno entre el Padre y el Hijo de salvar pecadores (Efe. 1:4; 3:11) toma la forma de un pacto, con compromisos divinamente sancionados y bendiciones prometidas. Así, el Padre le da al Hijo un mandamiento a obedecer (Juan 10:18), y Cristo cumple la obra que se le ha encomendado hacer (Juan 17:4), cumpliendo toda justicia (Mat. 3:15). Cristo pacta [se compromete] no solo a obedecer la ley de Dios activamente sino también a cargar la maldición inminente del hombre. Como resultado de su obediencia Cristo recibe bendiciones, expresadas en lenguaje explícitamente pactal: “Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó [Griego diatithemai, pactar; N. del T.] a mí”. (Luc. 22:29).

Discernir un pacto de obras dentro del plan eterno de la Deidad para salvar está lejos de ser especulación frívola. Es absolutamente necesario entender apropiadamente a Cristo como nuestro sustituto, uno que está en nuestro lugar “bajo la Ley” (Gál. 4:4) y cumple en su totalidad lo que es requerido de nosotros. Esta idea de un sustituto es más claramente expresada en la descripción de Pablo del primero y el último Adán (Rom. 5; 1 Cor. 15), la que apoya la paralela naturaleza de obras de estos dos pactos de Creación y Redención.



Nota del Editor: Algunos de los textos del Nuevo Testamento han sido traducidos del Griego por el autor.

S. M. Baugh (Ph. D., Universidad de California, Irvine) es profesor asociado de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Westminster en California.
[i][18] Cf. Col. 1:18-20. El Griego traducido “el que ha de venir” puede también ser traducida “el futuro” o “el destinado” dependiendo del contexto. La misma forma se usa para “cosas futuras” como opuestas a las “cosas presentes” (Rom. 8:38; 1 Cor. 3:22), y es usada en dos interesantes pasajes (Col. 2:17 y 1 Tim. 1:6), los que son gramaticalmente paralelos con Romanos 5:14.
[ii][19] Para otros ejemplos de maldición y bendición fluyendo de uno hacia muchos, véase: Gén. 9:25-27; 19:12, 16, 26; Núm. 16:32; Jos. 6:22-25; 7:24-26; 2 Sam. 12:13-14; y Lam. 5:7.
[iii][20] H. Orton Wiley, Christian Theology (Kansas City: Beacon Hill Press, 1958), 2:116-17.

bY LeMS


4 comentarios:

  1. Os recomiendo un buen link donde se explica acertadamente la teología del pacto.
    http://www.youtube.com/watch?v=1Egi688WG0Y

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  2. Gracias Hermano por su sugerencia, Teologo muy respetado, Thomas mongomery.

    Quiero sugerir tambien al Teologo Larry Trotter, en la pagina web:

    http://seminarioreformado.org.mx/Seminario%20Reformado/Cursos.html

    podran encontrar sermones en audio, sobre el Tema (Pacto de Gracia)y sobre la Teologia Reformada en general.

    solo deo gloria

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  3. Buenos dias; es posible que tengamos un foro acerca de la teologia del pacto?

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  4. Anónimo:

    Si, claro muy buena sugerencia, voy a trabajar en abrir un espacio dedicado a preguntas y respuestas, un foro como usted menciona.

    Gracias por su sugerencia.

    Soli Deo Gloria.

    LeMS

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“Cualquier hombre que piensa que es cristiano y que ha aceptado a Cristo para la justificación sin haberlo aceptado al mismo tiempo para la santificación, se halla miserablemente engañado en la experiencia misma”

Archibal A. Hodge

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