CRISTIANISMO Y UNIVERSIDAD (7): Verdad y Pluralidad



Quienes asisten a una universidad muy pronto descubren la diversidad de opiniones, concepciones y valores que marcan su ambiente. Aunque la diversidad está presente en sus vidas mucho antes de convertirse en universitarios, es en la academia donde el estudiante sentirá más de cerca su fuerza. [1]

La pluralidad es uno de los conceptos iconos de nuestra generación, una de las marcas de la moderna universidad.
Sin embargo, aunque la pluralidad se considere como uno de los postulados mejor establecidos en nuestra era, es saludable reflexionar sobre su naturaleza, efectos y desafíos.


Aunque la enseñanza superior exista desde la antigüedad, la universidad moderna tuvo sus orígenes en la Europa del s. XII, según la opinión más aceptada, y debe su forma actual a las universidades de Bolonia, París y Oxford, que surgieron durante el siglo XIII. A pesar de haber sufrido influencias y transformaciones oriundas del Renacimiento, de la Reforma y de la Ilustración, la universidad permaneció básicamente igual y es una de las instituciones más antiguas y estables del mundo occidental.

Las universidades medievales surgieron gracias a diferentes factores, como el atender la creciente demanda de personas que buscan educación, el deseo idealista de obtener conocimiento, la resistencia al monopolio del saber por parte de los monasterios, la vitalidad de las escuelas mantenidas por las catedrales y el deseo de reformar la enseñanza. Sin embargo, tenían un objetivo en común, una misma misión, y esta era la búsqueda del conocimiento unificado que permitiera la comprensión de la realidad.

Universitas, en la Edad Media, era un término jurídico que, empleado para las escuelas, significaba un grupo de personas comprometidas con ocupaciones científicas, es decir, profesores y alumnos. Más tarde el término llegaría a significar una institución educativa en donde ocurren estas actividades. Tal designación ya hace referencia a la tarea que diferentes personas tenían en común: la búsqueda de la verdad en medio de la diversidad de pensamientos. Este objetivo requería una síntesis de las diferentes visiones y comprensiones de mundo, un campo unificado que diera sentido a los más diversos saberes. El principio fundamental para la creación de las universidades, por lo tanto, era la búsqueda de las verdades universales que pudieran unir las diferentes áreas del conocimiento. De ahí el nombre "universidad".

Cuando las universidades medievales surgieron, la cosmovisión cristiana, que dominaba Europa, proveyó los presupuestos para esa búsqueda de unidad de conocimiento. Hoy en día, la cosmovisión cristiana del mundo es excluida a priori en muchas universidades modernas debido a los presupuestos naturalistas, humanistas y racionalistas que llegaron a dominar el ambiente académico después de la Ilustración. Tales presupuestos no han sido capaces de proporcionar una base común para las diferentes áreas del conocimiento. La fragmentación del conocimiento ha sido un resultado constante en la academia, como si las diferentes disciplinas trataran con mundos distintos y contradictorios.

Lamentablemente, hoy, muchas universidades se han vuelto multiversidades o diversidades, abandonan la búsqueda de un todo coherente, una cosmovisión que dé sentido y relacione armónicamente todos los campos del conocimiento. Este fenómeno ocurre principalmente en el área de las ciencias humanas; sin embargo, ni el área de las ciencias exactas es totalmente inmune, como prueban las diversas percepciones, a veces conflictivas entre sí, en las matemáticas, en la física y en la química.

Según Allan Harman, la palabra "universidad" tiene la idea de unidad de conocimiento o de enfoque. Deriva del latín "universum," se refiere a la totalidad o integración. Refleja claramente el concepto de que, en una universidad, debería existir adherencia a una base común de conocimiento que permita interconectar la enseñanza en todas las escuelas. [2]

Edgar Morin, intelectual francés contemporáneo, percibe correctamente esta fragmentación del conocimiento y la educación en las diversas obras que ha publicado. Para el,

... el sistema educativo fragmenta la realidad, simplifica lo complejo, separa lo que es inseparable, ignora la multiplicidad y la diversidad... Las disciplinas así estructuradas sólo sirven para aislar los objetos de su entorno y aislar partes de un todo. Eliminan el desorden y las contradicciones existentes, para dar una falsa sensación de organización. La educación debería romper con esto mostrando las similitudes entre los saberes, la complejidad de la vida y de los problemas que hoy existen. [3]
Es evidente que existe una gran pluralidad o diversidad en el mundo. La creación de Dios es plural, la humanidad hecha a su imagen es plural, las culturas son plurales, las ideas son plurales. Hay una enorme y fascinante diversidad en la realidad que nos rodea. Para nosotros, esta impresionante variedad en la vida revela la riqueza, el poder y la creatividad de Dios, según registra la Biblia en el Salmo 104: 24,

¡Qué variedad, Señor, en tus obras!
Todas con sabiduría las hiciste;
llena está la tierra de tus riquezas.

Tal entendimiento en nada compromete nuestra búsqueda en la academia de verdades absolutas y universales. Las dificultades surgen cuando se confunde pluralidad con relativismo radical y absoluto. Este último niega los conceptos de unidad, igualdad, armonía y coherencia que existen en el mundo, entre ideas, personas y culturas. El relativismo total pretende deconstruir el principio implícito de verdad absoluta, de valores, conceptos e ideas que sean válidos en cualquier lugar y en cualquier tiempo. En este sentido, la pluralidad se confunde con el relativismo que domina la mente moderna, que afirma que la convivencia de ideas y concepciones contradictorias deben aceptarse por igual, sin verificar  su veracidad y sin que una prevalezca sobre la otra, porque se considera que todas son verdaderas.

Para una universidad confesional cristiana que se guía por un conjunto de fundamentos -en este caso, la fe cristiana reformada-, la pluralidad, entendida como diversidad, es bienvenida. La enorme variedad que caracteriza nuestro mundo no anula en modo alguno la existencia de verdades generales y universales. Cuando, sin embargo, la pluralidad se entiende como relativismo total o sistema de contradicciones igualmente válidas, necesitamos analizar el asunto con mucho cuidado.

El relativismo absoluto genera diversos problemas de naturaleza práctica, como, por ejemplo, la dificultad para vivir el día a día de forma coherente creyendo que todo es relativo. Incluso los relativistas más radicales se ven obligados a someterse ante la inexorable realidad: la vida puede organizarse y continuar solo con base en principios, valores y leyes universales que sean observados y reconocidos por todos.

Difícilmente el ser humano logra convivir en paz con el relativismo absoluto. Existe una búsqueda interior en cada individuo por coherencia, síntesis y unidad de pensamiento, sin esto no se puede encontrar sentido a la realidad, un lugar en el mundo y ni siquiera  saber por dónde caminar. Creemos que este ímpetu es resultado de la imagen de Dios en el hombre, un Dios de orden, de propósitos, coherente y completo.

Para muchos, el pluralismo de ideas en la educación significa simplemente que la universidad debería ser el lugar neutral donde todas las ideas y sus contradicciones pueden expresarse por igual, pudiendo los alumnos elegir, o no, entre aquellas que parecen ser las más correctas. Sin embargo, como bien escribió Robert P. Wolff (La Universidad Ideal, 1993), la neutralidad de la universidad en cuanto a los valores es un mito. Es inevitable posicionarse ideológicamente ante cuestiones como la vida y el conocimiento. Este punto es incluso reconocido, aunque tímidamente, por la Ley de Directrices y Bases, cuando define a las universidades confesionales como aquellas que "atienden la orientación confesional e  ideologías específicas" (LDB, Artículo 20, inciso III).

Las universidades de orientación confesional cristiana desde hace mucho tiempo han intentado desarrollar un modelo académico en el que la búsqueda de la verdad se lleve a cabo a partir de la cosmovisión cristiana con el constante diálogo con la pluralidad de ideas y con la diversidad de visiones y pensamientos. No es tarea fácil ante el mundo pluralista en que vivimos, incluso algunos han defendido que estas universidades confesionales deben desistir de este propósito.

Por último, reconocemos la diversidad y la complejidad de las ideas, conceptos, costumbres y la existencia de valores. Sin embargo, objetamos que la pluralidad involucre la total relativización de la verdad. Afirmamos la existencia de ideas y valores absolutos, principios y verdades espirituales, éticas, morales, epistemológica universal. Concordamos con Edgar Morin en cuanto a su percepción sobre la complejidad de la vida y de la existencia. Sin embargo, reconocemos que todas las áreas de actividad y conocimiento están complejamente interconectadas de manera que reflejan un propósito unificado y un origen único, que señalan hacia el Creador.

Creemos que el cristianismo bíblico proporciona el fundamento para poder comprender la realidad como un todo coherente, teniendo siempre en cuenta la fabulosa variedad de la existencia humana.

Todos deberíamos reflexionar sobre el hecho de que la pluralidad, si se entiende como una saludable diversidad, dentro de los límites y sin negar la verdad, enriquece el conocimiento humano y nos lleva a una mejor percepción de nosotros mismos, de nuestro mundo y de nuestro Creador.


[1] Este texto está basado en la Carta de Principios del Mackenzie, "Verdad y Pluralidad" del 2008.
[2] Allan Harman, "Vision and Reality: The Challenges Facing Christian Higher Education Today," conferencia inaugural en la Universidad Presbiteriana de Corea en 1998, pp. 24-25

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“Cualquier hombre que piensa que es cristiano y que ha aceptado a Cristo para la justificación sin haberlo aceptado al mismo tiempo para la santificación, se halla miserablemente engañado en la experiencia misma”

Archibal A. Hodge

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