SOBRE LA GRACIA COMÚN PARTE 1


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Teologia Sistematica
Por: Luis Berkhof

CAPITULO 44: LA GRACIA COMÚN

En relación con las operaciones generales del Espíritu Santo el tema de la gracia común también pide que lo consideremos. No obstante, deberá en-tenderse que la teología Reformada no considera a la doctrina de la gracia común como una parte de la Soteriología según lo hace la teología arminiana. Al mismo tiempo reconoce una estrecha relación entre las operaciones del Espíritu Santo en la esfera de la creación y en la de la redención, y por tanto siente, que no se deben disociar por completo. 

EL ORIGEN DE LA DOCTRINA DE LA GRACIA COMÚN.

EL PROBLEMA QUE TIENE QUE RESOLVER 
El origen de la doctrina de la gracia común tuvo principio en el hecho de que hay en el mundo al lado del curso que sigue la vida cristiana con todas sus bendiciones, un modo natural de vivir que no tiene que ver con la redención pero que exhibe muchos rasgos de la vida verdadera, la vida buena y hermosa. Surgió pues la pregunta: ¿Cómo se puede explicar la vida comparativamente ordenada que hay en el mundo, viendo que todo él está bajo la maldición del pecado? ¿Cómo es que la tierra produce deliciosos frutos en rica abundancia y no nada más espinas y abrojos? ¿Cómo podemos explicar que el hombre pecador todavía "retenga algún conocimiento de Dios, de las cosas naturales y de la diferencia entre el bien y el mal, y que muestre algún respeto por la virtud y por la buena conducta externa”? ¿Qué explicación puede darse de los dones y talentos especiales con que el hombre natural está capacitado, y del desarrollo de la ciencia y del arte por medio de aquellos que están despojados por completo de la vida nueva que hay en Cristo Jesús? ¿Cómo podemos explicar las aspiraciones religiosas de los hombres en todas partes, aun de aquellos que de ninguna manera han entrado en contacto con la religión cristiana? ¿Cómo pueden los que no están regenerados hablar todavía de la verdad, hacer bien a otros y llevar vidas virtuosas en público? Estas son algunas de las preguntas a las que la doctrina de la gracia común procura dar respuesta. 

LA ACTITUD DE AGUSTÍN PARA CON ESTE PROBLEMA 
Agustín no enseñó la doctrina de la gracia común, aunque tampoco usó la palabra "gracia" en forma exclusiva como designación de la gracia salvadora. Habló de una gracia que Adán disfrutaba antes de la caída, y hasta admitió que la existencia del hombre como un ser viviente, sensitivo y racional debe llamarse gracia. Pero en contra de Pelagio que acentuaba la capacidad natural del hombre y ninguna otra gracia reconocía sino aquella que consiste en los dones naturales del hombre, la ley y el evangelio, el ejemplo de Cristo, y la iluminación de la inteligencia mediante la bondadosa influencia de Dios, Agustín expresó con énfasis la incapacidad total del hombre y su absoluta dependencia de la gracia de Dios como un poder renovador e interno, que no sólo ilumina el intelecto, sino que también actúa en forma directa sobre la voluntad del hombre, bien como gracia operadora o como gracia cooperante. Agustín emplea el término "gracia" casi en forma exclusiva en este sentido, y la considera como la condición necesaria para el cumplimiento de cada buena acción. Cuando los pelagianos señalan las virtudes de los paganos que "sólo mediante el poder de una libertad innata" eran con frecuencia misericordiosos, discretos, castos y temperantes, contestaba Agustín que estas virtudes, así llamadas, eran pecados, porque no brotaban de la fe. Admite que los gentiles pueden cumplir ciertos actos que son buenos en sí y desde un punto de vista más bajo hasta se les puede considerar loables, pero no obstante, considera que tales actos como producidos por personas irregeneradas son pecado porque brotan sin que los motiven el amor de Dios o la fe, y no responden al único propósito justo, la gloria de Dios. Agustín niega que semejantes acciones sean el fruto de alguna bondad natural del hombre. 


EL CONCEPTO QUE SE DESARROLLO DURANTE LA EDAD MEDIA 
Durante la Edad Media la antítesis agustiniana del pecado y la gracia dio lugar a la otra de la naturaleza y la gracia. Esta se fundó sobre otra antítesis que jugó una parte importante en la teología católico romana, es decir, la de lo natural y lo sobrenatural. En el estado de integridad el hombre estaba dotado con el don sobrenatural de la' justicia original, que servía como freno para tener dominada la naturaleza más baja. Como resultado de la caída el hombre perdió este don sobrenatural, pero su verdadera naturaleza quedó apenas ligeramente afectada. Se desarrolló en el hombre una tendencia pecaminosa, pero ésta no le impidió producir mucho de lo que es verdadero, bueno y hermoso. No obstante, sin la infusión de la gracia de Dios todo esto era insuficiente para que el hombre tuviera derecho a la vida eterna. En relación con la antítesis de lo natural y lo sobrenatural la iglesia católico romana desarrolló la diferencia entre las virtudes morales de humildad, obediencia, mansedumbre, liberalidad, temperancia, castidad y diligencia en lo que es bueno por naturaleza, y que los hombres pueden ganar por sí mismos, mediante su propio esfuerzo y con la ayuda oportuna de la gracia divina; y las virtudes teológicas de la fe, esperanza y caridad que le son infundidas al hombre mediante la gracia santificante. Los anabaptistas y los socinianos padecen de la misma antítesis, pero con la diferencia de que los primeros exaltan la gracia a expensas de la naturaleza, en tanto que los últimos exaltan a la naturaleza a expensas de la gracia. 

LA POSICIÓN DE LOS REFORMADORES Y DE LA TEOLOGÍA REFORMADA 
Sobre esto, como sobre otros puntos de doctrina, Lutero no se libró por completo de la levadura del catolicismo romano. Aunque volvió a la antítesis agustiniana del pecado y la gracia, trazó una distinción tajante entre la más baja esfera terrenal y la más alta esfera espiritual, y sostuvo que el hombre caído es capaz por naturaleza de hacer mucho que es bueno y digno de alabanza en la más baja esfera, o sea la terrenal, aunque a la vez sea notoriamente incapaz de hacer ningún bien espiritual. Enseña la Confesión de Augsburgo, apelando a Agustín, "que la voluntad del hombre tiene alguna libertad para producir la justicia civil, y para elegir cosas como las que puede alcanzar la razón; pero que no tiene poder para producir la justicia de Dios". El artículo contiene una cita de Agustín en la que se mencionan muchas de las buenas obras que pertenecen a la vida presente, las cuales puede hacer el hombre natural. Zwinglio concibió que el pecado sea más bien corrupción que culpa, y en consecuencia consideró que la gracia de Dios es santificante, más bien que gracia perdonante. Esta influencia santificante que penetra en cierta medida hasta dentro del mundo pagano, explica lo verdadero, lo bueno y lo hermoso que hay en el mundo. 

Calvino no estuvo de acuerdo con la posición de Lutero ni con la de Zwinglio. Sostuvo con firmeza que el hombre natural no puede de sí mismo hacer cosa alguna buena, cualquiera que sea, e insistió con mucha firmeza sobre la naturaleza particular de la gracia salvadora. Al lado de la doctrina de la gracia particular desarrolló la doctrina de la gracia común. Esta gracia que se manifiesta en la comunidad no perdona ni purifica a la naturaleza humana, y tampoco efectúa la salvación de los pecadores. Trastorna el poder destructivo del pecado; mantiene en cierta medida el orden moral del universo, haciendo posible de esta manera una vida ordenada; distribuye dones y talentos, en diversos grados, entre los hombres; promueve el desarrollo de la ciencia y del arte, y derrama indecibles bendiciones sobre los hijos de los hombres. Desde los días de Calvino la doctrina de la gracia común fue reconocida, por lo general, como parte de la teología Reformada, aunque también hubo ocasiones en que se encontró con la oposición. Sin embargo, durante mucho tiempo, poco se hizo para desarrollar esta doctrina. Con toda probabilidad, esto se debió a que el surgimiento y dominio del racionalismo hizo que fuera necesario colocar todo el énfasis sobre la gracia especial. Hasta el presente, nadie ha hecho tanto como lo que hicieron Kuyper y Bavinck para el desarrollo de la doctrina de la gracia común. 


Ver parte 2

bY LeMS

2 comentarios:

  1. INTERESANTE ARTICULO YA QUE NOS POSIBILITA VER EL ORIGEN DE LA PROBLEMATICA DEL TEMA Y LA ACTUALIZACIÓN DEL MISMO...CIERTAMENTE NOS PERMITE DESDE LA REALIDAD ACTUAL UN ROSTRO DIFERENTE DE DIOS...LICDO PONCE (dcnoponce33@gmail.com)

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  2. LICDO PONCE:

    Gracias por leer el articulo.

    soli deo gloria

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“Cualquier hombre que piensa que es cristiano y que ha aceptado a Cristo para la justificación sin haberlo aceptado al mismo tiempo para la santificación, se halla miserablemente engañado en la experiencia misma”

Archibal A. Hodge

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