Nuestra Seguridad

  Comentario de la Primera Carta a Timoteo
  Por: Juan Calvino
1 Timoteo 1:
15 Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.
15. Palabra fiel. Después de haber defendido su ministerio contra las calumnias e injustas acusaciones, y no satisfecho con esto, torna para provecho suyo aquello que sus adversarios pudieron haber esgrimido en contra suya como reproche. Demuestra también que fue provechoso para la Iglesia que él haya sido la persona que realmente fue antes de ser llamado al apostolado, porque Cristo, al tomarlo a él como ejemplo, invita a todos los pecadores a la firme y segura esperanza del perdón. Porque cuando él, siendo una bestia salvaje y fiera, fue cambiado en un pastor, Cristo, al transformarlo, hizo una notable exhibición de su gracia, mediante la cual todos podrían ser inducidos a creer firmemente que a ningún pecador, por monstruosas y graves que hayan sido sus transgresiones, se le cierra la puerta de la salvación.

Que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores. Pablo hace primero esta declaración general, y luego la adorna con un prefacio, como acostumbra a hacerlo en asuntos de gran importancia. En la enseñanza de la religión, ciertamente, el punto principal es acudir a Cristo, para que, estando perdidos en nosotros mismos, podamos obtener la salvación de Él. Que este prefacio llegue a nuestros oídos como el sonido de una trompeta que proclama las alabanzas de la gracia de Cristo, a fin de que podamos creerla con una fe todavía más vigorosa. Que sea para nosotros como un sello que imprima sobre nuestros corazones una firme convicción del perdón de los pecados, la cual, de otro modo, con dificultad hallaría entrada en nuestro ser.

Palabra fiel es ésta. ¿Por qué llama Pablo la atención con estas palabras, si no es porque los hombres siempre están disputando entre sí acerca de su salvación. ("Si no es porque los hombres siempre están disputando, y tienen dudas entre ellos mismos acerca de su salvación.")

Pues aunque el Padre una y mil veces nos ofrece la salvación, y aunque Cristo mismo nos habla de su misión, con todo, no por eso dejamos de albergar temores, o reflexionar dentro de nosotros mismos si realmente esto es así. Por tanto, cuando en nuestra mente surja alguna duda tocante al perdón de los pecados, aprendamos a rechazarla valerosamente con el escudo de que es una verdad indubitable, y merece ser recibida sin discusión.

Para salvar a los pecadores. El vocablo pecadores es enfático; porque aquellos que reconocen que la misión de Cristo es salvar, tienen dificultad en admitir que esa salvación es para los "pecadores". Nuestra mente se siente siempre inclinada a considerar nuestra propia dignidad; y tan pronto como ésta aparece, nuestra confianza se va a pique. Por consiguiente, cuanto más se vea uno oprimido por sus pecados, más valerosamente debe acudir a Cristo confiando en esta doctrina: que Él vino a traer salvación, no a los justos, sino a los "pecadores". También merece atención que Pablo derive una conclusión del oficio general de Cristo, para que lo afirmado por él recientemente sobre su persona, no parezca un absurdo por razón de lo novedoso.

De los cuales yo soy el primero. Cuidémonos de pensar que el apóstol, bajo una pretendida modestia, haya hablado falsamente, porque él se propuso hacer una confesión no menos verdadera que humilde, y emanada de lo profundo de su corazón. ("Debemos estar alerta contra el pensamiento de que el apóstol haya hablado bajo una pretendida modestia, y que no pensase así en su corazón.")

Mas algunos preguntarán: "¿Por qué él, que únicamente erró por ignorar la sana doctrina, y siendo por lo demás intachable en todo ante los hombres, declaró ser el primero de los pecadores?" Yo respondo, que estas palabras nos informan de cuan nefando y horrible es el crimen de la incredulidad delante de Dios, especialmente cuando va acompañada de la obstinación y la furia de persecución (Fil. 3:6). Ciertamente, ante los hombres es fácil atenuar, bajo un pretendido celo irreflexivo, todo lo que Pablo admitió acerca de sí mismo; pero Dios está más interesado en valorar más alto la obediencia de fe, que en imputar y considerar la incredulidad acompañada de obstinación como un pequeño crimen. ("Si consideramos cuál es el servicio principal que Dios demanda y acepta, sabremos lo que da a entender cuando dice que la humildad es el mayor sacrificio que Él aprueba (1 Sam. 15:22). Y ésta es la razón por la que afirmamos que la fe debe considerarse como la madre de todas las virtudes. En efecto, aquélla es el fundamento y origen de todas éstas.

De no ser así, todas las virtudes que son altamente estimadas por los hombres, no tienen valor real; son solamente otros tantos vicios que Dios condena.

Después que la hayamos colocado entre los ángeles, será rechazada por Dios a pesar de su buena reputación, a menos que tenga esa obediencia que es por fe. Así que, será en vano que los hombres digan: «Yo no lo intenté, ésa fue mi opinión»; porque muy a pesar de sus buenas intenciones y de su excelente reputación, tienen que ser condenados delante de Dios por rebeldes. Esto, a primera vista, parece difícil de ser aceptado. ¿Por qué? Porque siempre vemos que los hombres se esfuerzan por escapar de la mano de Dios, para echar mano de otros recursos indirectos. Y con frecuencia dan esta excusa: «Intenté lo que era recto, ¿por qué no aceptar mi buena intención»? Si esto pudiera alegarse con éxito, pensamos que sería suficiente; pero tales paliativos y excusas no valdrán delante de Dios." Fr. Ser.)

Debemos observar cuidadosamente este pasaje, el cual nos enseña que un hombre, ante el mundo, puede ser no sólo inocente, sino eminente por sus distinguidas virtudes, y dignísimo de encomios por su vida ejemplar; sin embargo, por haberse opuesto a la doctrina del Evangelio, y por su obstinada incredulidad, es reconocido como uno de los pecadores más perversos. De aquí podemos deducir fácilmente el valor que delante de Dios tienen todas las fastuosas exhibiciones de los hipócritas, mientras ellos se empeñen en rechazar a Cristo.


bY LeMS

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“Cualquier hombre que piensa que es cristiano y que ha aceptado a Cristo para la justificación sin haberlo aceptado al mismo tiempo para la santificación, se halla miserablemente engañado en la experiencia misma”

Archibal A. Hodge

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