PRUEBA ESCRITURAL DE LA INSPIRACIÓN DIVINA.

 
Principios de Interpretación Bíblica
Luis Berkhof

 Muchos intérpretes se oponen decididamente a tal concepto de inspiración divina, la declaran una teoría inventada por teólogos conservadores para poner a la Biblia de acuerdo con sus nociones preconcebidas acerca de lo que debiera ser el carácter de la Palabra de Dios. Pero es un gran error considerar la idea de inspiración divina antes definida, como una teoría filosófica impuesta sobre la Biblia. El hecho notable es que aún sigue siendo una doctrina escritural, tanto como las demás doctrinas: de Dios y su Providencia, de Cristo y la expiación, etc. La Biblia nos ofrece amplio material para formular una doctrina sobre la Escritura. En los próximos párrafos indicaremos brevemente las pruebas más importantes que nos da la Biblia acerca de su inspiración.

a. La Biblia nos enseña claramente que los órganos de revelación fueron inspirados, cuando
Comunicaron oralmente al pueblo las revelaciones que habían recibido. Esto queda probado por lo siguiente:

(1) Las expresiones que la Biblia emplea para describir el estado y función de los profetas son de tal naturaleza que implican una inspiración directa. Esto no puede ser inferido de la palabra hebrea nabi, porque su derivación es incierta. Pero el pasaje clásico de Éxodo 7:1 enseña claramente que el profeta es una persona que habla por Dios al hombre; o más específicamente, alguien que trae las palabras de Dios al hombre. Véase también Deuteronomio 18:18; Jeremías 1:9 y 2 Pedro 1:21. Además, se nos dice que el Espíritu de Dios vino, o cayó, sobre los profetas; que la mano de Jehová fue fuerte sobre ellos; que recibieron la Palabra de Dios y que fueron constreñidos a expresarla (Is. 8:11; Jer. 15:17; Ez. 1:3; 3:22 y 37:1).

(2) Las expresiones usadas por los profetas muestran claramente que ellos mismos eran conscientes de que se dirigían al pueblo con la Palabra de Dios en sus labios. Al descargar sus corazones ante las gentes a quienes eran dirigidos, se daban cuenta del hecho de que Dios mismo había llenado sus mentes con un mensaje que no se había originado en su propia conciencia. De ahí las expresiones: «Así dice el Señor», «Oíd la palabra del Señor», «El Señor Dios me mostró», «La palabra del Señor vino a…».

(3) Hay otro notable detalle en los escritos proféticos que confirma este hecho. Sucede que en muchos de los discursos en los que el profeta habla en tercera persona de lo que Jehová dice, de improviso cambia abruptamente de la tercera a la primera persona, sin siquiera añadir la fórmula de transición «Así dice el Señor». En otras palabras, el profeta sorprende al lector empezando a hablar como si fuese Dios
.
Véase Isaías 3:4; 5:3ss; 10:5ss; 27:3; Jeremías 5:7; 16:21; Oseas 6:4ss; Joel 2:25; Amós 5:21ss;
Zacarías 9:7; etc. Esto sería un atrevimiento muy grande de parte de tales profetas, si no hubiesen estado absolutamente seguros de que Dios estaba poniendo su propia palabra en sus bocas.

(4) Si nos volvemos al Nuevo Testamento, hallamos que Cristo prometió a sus discípulos el Espíritu Santo para enseñarles todas las cosas y recordarles todo lo que Él les había enseñado (Jn. 14:26). Esta promesa fue cumplida en día de Pentecostés, y desde entonces los discípulos hablaron como maestros infalibles. Sabían que sus palabras eran las palabras de Dios (1 Ts. 2:13), y se sentían seguros de que su testimonio era el testimonio de Dios (1 Jn. 5:9–12).

b. La Biblia nos enseña la inspiración de la palabra escrita.

Lo dicho anteriormente crea una presunción en favor de la inspiración de los órganos de la revelación al escribir los libros de la Biblia. Si Dios juzgó necesario que ellos trajeran su mensaje oral al pueblo bajo la dirección del Espíritu Santo, difícilmente podía dejar de considerar como menos esencial, que sus escritos fueran preservados de la misma manera. Pero no podemos darnos por satisfechos con esta evidencia presuntiva. La Biblia enseña realmente la inspiración de la Palabra escrita. Es verdad que no se puede citar un solo pasaje que afirme explícitamente la inspiración de la Biblia entera, pero la evidencia es cumulativa, y no deja dudas al respecto.

(1) En el tiempo del Nuevo Testamento, los judíos poseían ya una colección de escritos técnicamente designados como hegrafē (la Escritura) ohaigrafai (las Escrituras) (Ro. 9:17; Lc. 24:27). El Nuevo Testamento cita repetidamente esta hegrafē como teniendo autoridad divina. Para Cristo y sus discípulos una cita de la hegrafē era el fin de toda controversia. Su «escrito está» era equivalente a «Dios dice». Además, tales escritos son designados algunas veces de una forma que indica su carácter sagrado. Por ejemplo: se les llama grafaishagiais (Ro. 1:2), ytahieragrámmata (2 Ti. 3:15).

Además de esto, hasta se puede encontrar una descripción que apunta directamente a su carácter divino.

Son llamados «los oráculos de Dios» (Ro. 3:2). Es perfectamente claro que el pasaje clásico de 2 Timoteo 3:16 habla de toda la Escritura como la revelación directa de Dios.

(2) El Nuevo Testamento contiene un número de citas del Antiguo en las que se identifica a Dios y la Escritura como autores de lo dicho. Un ejemplo notable se halla en Hebreos 1:5–13, donde se citan siete palabras del Antiguo Testamento, declarando que fueron dichas por Dios. Véase también Salmo 2:7; 2 Samuel 7:14; Deuteronomio 32:43 (LXX) o Salmo 97:7; 104:4; 45:6, 7; 102:24–27; 110:1.

Mirando todos estos pasajes, observamos que en algunos de ellos Dios es el que habla y en otros no; pero en todos los casos lo que dice la Escritura es llanamente atribuido a Dios. Además, en Romanos 9:17 y Gálatas 3:8 se citan las palabras del Antiguo Testamento con la fórmula: «La Escritura dice» mientras que en los pasajes citados (Éx. 9:16 y Gn. 22:18) es Dios quien habla. Tal identificación sólo es posible sobre la base de un punto de vista estricto de inspiración.

(3) El locus classicus1 respecto a la inspiración de la Biblia se halla en 2 Timoteo 3:16. Para una interpretación detallada de este versículo recomendamos los comentarios exegéticos. Unas pocas observaciones serán aquí suficientes. En el contexto inmediato que precede, el apóstol habla de la ventaja que tiene Timoteo de haber recibido una estricta educación religiosa y que desde la niñez había sabido las Sagradas Escrituras, esto es, el Antiguo Testamento. Y ahora en el versículo 16, el apóstol enfatiza la gran importancia de tales Escrituras. De ahí se desprende quehegrafē se refiere aquí también al Antiguo Testamento en su totalidad. La palabra zeopneustos significa inspirado-por-Dios, es decir, el producto del aliento creativo de Dios. La palabra griega pasa se puede traducir como «todo» o «cada uno», que produce una diferencia insignificante, pues la primera enfatiza la idea de totalidad y la segunda indica cada parte de ella. También algunos traducen: «Toda Escritura es dada por inspiración de Dios y es provechosa …»; y otros: «Toda Escritura dada por inspiración de Dios es provechosa…». Pero tampoco entre estas dos traducciones hay gran diferencia, pues en ambas se afirma o implica la inspiración del Antiguo Testamento.

(4) Otro pasaje importante es 2 Pedro 1:19–21, donde el apóstol asegura a sus lectores que lo que les había sido dado a conocer acerca del poder y la venida del Señor Jesucristo, no eran fábulas inventadas, sino la palabra de testigos oculares. Y entonces añade que ellos tienen todavía un mejor testimonio en la palabra profética (lo que el Dr. Warfield entiende como todo el Antiguo Testamento). Se la llama «más segura» porque no es de interpretación privada, o sea, el resultado de investigación humana, ni producto del propio pensamiento del autor. Vino, no por voluntad humana, sino como un don de Dios.

(5) Otro pasaje de considerable importancia es 1 Corintios 2:7–13. Pablo se refiere al hecho de que la sabiduría de Dios, oculta desde la eternidad y que sólo el Espíritu de Dios puede conocer, le había sido revelada a él, y continúa diciendo: «Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu». Puesto que usa el tiempo presente, esta expresión se aplica también a las cosas que estaba escribiendo a los corintios.

c. La Biblia enseña que la inspiración se extiende también a las palabras empleadas por los escritores. Es un hecho bien conocido que muchos que profesan creer en la inspiración de la Biblia, niegan enfáticamente su inspiración verbal. Aceptan complacidos una inspiración parcial; por ejemplo, que los pensamientos, y no las palabras son inspirados; o que lo son únicamente los asuntos que pertenecen a la fe y a la vida. Otros limitan la inspiración solamente a las palabras de Jesús. Algunos objetan al término «inspiración verbal» que se presta a una teoría mecánica de la inspiración, y prefieren emplear el término «inspiración plenaria». No hay problema con esta última expresión, si se entiende por ella que tal guía sobrenatural del Espíritu Santo se extiende a la elección misma de las palabras de los escritos sagrados, pues ciertamente la Biblia enseña esto, tanto por afirmaciones expresas como por hechos sobreentendidos. Nótese especialmente lo siguiente:

(1) En el pasaje antes citado (b. 5), Pablo declara enseñar cosas reveladas por el Espíritu de Dios, y añade: «no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu». Aquí, el apóstol se refiere claramente a palabras individuales como palabras que el Espíritu Santo enseña, y la repetición de palabras hace que su afirmación posea mayor fuerza.
 (2) Cuando el Señor llama a Jeremías para su difícil tarea, le dice: «He aquí yo he puesto mis palabras en tu boca». Si Dios tuvo tan especial cuidado en cuanto a las palabras con que Jeremías debía dar su revelación a Israel, es natural presuponer que el mismo cuidado pondría en las palabras por las cuales el profeta se dirigiría de una forma permanente a generaciones futuras.

(3) Según Juan 10:33, los judíos estaban escandalizados porque Jesús había declarado ser Dios. En su respuesta Jesús apela a una palabra de la Sagrada Escritura (Sal. 82:6), donde los jueces del pueblo son llamados dioses, y hace notar al mismo tiempo que la Escritura no puede ser abolida, sino que tiene una autoridad irrefutable. Puesto que él basa su argumento en una sola palabra, es evidente que con ello concede a cada palabra de la Escritura autoridad divina.

(4) En Gálatas 3:16, Pablo funda todo su argumento en el uso de un singular en vez de un plural. Este argumento del apóstol ha sido atacado sobre la base de que la palabra hebrea a la cual se refiere no puede ser usada en el plural para referirse a la posteridad (véase Gn. 13:15). Pero esto no destruye la validez de su argumento, pues el escritor del Génesis pudo haber usado otra palabra o expresión plural que la que tenemos en nuestros códices. Y aunque así fuera, el pasaje aún probaría que Pablo creía en la inspiración de las palabras individuales de la Sagrada Escritura.


bY LeMS

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“Cualquier hombre que piensa que es cristiano y que ha aceptado a Cristo para la justificación sin haberlo aceptado al mismo tiempo para la santificación, se halla miserablemente engañado en la experiencia misma”

Archibal A. Hodge

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