La Soberanía Absoluta de Dios

 
Por: John F. MacArthur
Libro: Avergonzados del Evangelio
Paginas: 178 – 182.


Ninguna doctrina es más odiada por la mente natural que la verdad de que Dios es absolutamente soberano. El orgullo humano detesta el concepto de que Dios ordena todas las cosas, controla las cosas y gobierna sobre todas las cosas. La mente carnal que arde en su enemistad contra Dios, aborrece la enseñanza bíblica de que nada sucede sin que haya sido conforme a sus decretos eternos. Por encima de todo, la carne odia la noción de que la salvación es por entero la obra de Dios.

Si Dios decidió quienes habrían de ser salvos, y si su elección quedó establecida antes de la fundación del mundo, los creyentes no merecen mérito alguno por un solo aspecto de su propia salvación.

No obstante, eso es precisamente lo que enseñan las Escrituras después de todo. Incluso la Fe es el don que Dios da en su gracia a sus elegidos. Jesús insistió en ello: “Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, sino le fuere dado del padre” (Juan 6:65). “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiere revelar” (Mateo 11:27). Por lo tanto, nadie que se salva tiene de que jactarse (Efesios 2: 8 y 9). “La Salvación es de Jehová” (Jonás 2:9

La doctrina de elección divina es enseñada de manera explícita en toda la biblia. Por ejemplo, tan solo a partir de las epístolas del  Nuevo Testamento, aprendemos que todos los creyentes son “Los escogidos de Dios” (tito 1:1). Fuimos “predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”  (Efesios 1:11). [Dios] nos escogió en él antes de la fundación del mundo….en amor habiéndonos predestinados para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad (vv. 4, 5).

Somos aquellos “que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su hijo…. Y a los que predestinó, a estos también llamó; a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó”. (Romanos 8:28-30).

Cuando Pedro escribió que nosotros fuimos “elegidos según la presciencia de Dios Padre” (1 Pedro 1:1,2), no empleó la palabra “Presciencia” dando a entender que Dios sabía de antemano quienes iban a creer y por ende los escogió a causa de haber visto por adelantado la fe que tendrían en EL. Más bien, quiso de decir que Dios determinó antes que el tiempo existiera, conocerles, amarles y salvarles; además les escogió sin tener en cuenta las cosas buenas o malas que podrían hacer. Vamos a regresar de nuevo a este punto, pero por ahora, nótese que esos versículos declaran de manera explícita que la elección soberana de Dios se realiza “Según el puro afecto de su voluntad” y conforme “al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”, es decir, no por una razón externa a Él mismo. Ciertamente, no eligió a ciertos pecadores para salvación debido a algo digno de alabanza que poseyeren en sí mismos, o a causa de haber visto por adelantado quienes lo elegirían a Él. Les escogió por la razón única y exclusiva de que le agradó hacerlo. Dios declara:” [Yo] anuncio lo porvenir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” (Isaías 46:10). El no está sujeto a las decisiones de otros. Sus propósitos para escoger a algunos y rechazar a otros están escondidos en los consejos secretos de su propia voluntad.

Además todo lo que existe en el universo existe porque Dios lo permitió, lo decretó y lo llamó a existencia. “Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho” (Salmos 115:3). “Todo lo que Jehová quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos” (Salmos 135:6). Él es quien “hace todas las cosas según el designio de su voluntad” (Efesios 1:11). “Porque de él, y por él, y para el son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Romanos 11:36). “Solo hay un dios, el padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él” (1 Corintios 8:6).

Nota: en la próxima entrada subiré el comentario de MacArthur sobre la Soberanía de Dios y el Pecado, es la continuación de este comentario.

Ver parte 2

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“Cualquier hombre que piensa que es cristiano y que ha aceptado a Cristo para la justificación sin haberlo aceptado al mismo tiempo para la santificación, se halla miserablemente engañado en la experiencia misma”

Archibal A. Hodge

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