La Soberanía Absoluta de Dios (parte 2)

 
Por: John F. MacArthur
Libro: Avergonzados del Evangelio
Paginas: 180 – 182.

¿Qué hay del pecado? Dios no es el autor del pecado, pero es indudable que lo permitió, es algo integral en su decreto eterno. Dios tiene un propósito para permitirlo. No puede ser inculpado de maldad ni manchado por la existencia del mal (1 Samuel 2:2: “No hay Santo como Jehová”). No obstante, El no fue tomado por sorpresa ni fue incapaz de detenerlo cuando el pecado entró en el universo. No conocemos sus propósitos para permitir el pecado. Si no fue para otra cosa, lo permitió con el fin de destruir para siempre la maldad. Además, Dios algunas veces utiliza el mal para hacer el bien (Génesis 45: 5-8; 50:20; Romanos 8:28). 

¿Cómo puede ser esto? La biblia no responde todas las preguntas que tenemos, pero sabemos basándose en su palabra que Dios es soberano por completo. El es perfectamente Santo, y El es absolutamente Justo.

Hay que admitir que esas verdades son difíciles de captar para la mente humana, pero las escrituras no dan lugar a equívocos. Dios controla todas las cosas, incluyendo su elección de quienes serán salvos. 

Pablo expresa la doctrina en términos ineludibles en el capitulo noveno de Romanos, mostrando que Dios escogió a Jacob y rechazó a su hermano Esaú a pesar de que “no habían aun nacido, ni habían hecho ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama” (V. 11). Unos versículos más adelante Pablo añade esto: “Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (vv. 15, 16).

Pablo anticipó el argumento que se presentaría en contra de la soberanía divina: “Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? Porque ¿Quién ha resistido a su voluntad?” (v. 19). En otras palabras ¿Acaso la soberanía de Dios no abroga la responsabilidad humana? En lugar de ofrecer una respuesta filosófica o un argumento metafísico detallado, Pablo reprende a los escépticos: “Mas antes, oh hombre, ¿Quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?” (vv. 20, 21).  

La Biblia afirma tanto la soberanía divina como la responsabilidad humana. Debemos aceptar ambos lados de la verdad, así no entendamos como se relacionan entre sí. Las personas son responsables por lo que hacen con el evangelio, o por lo que hacen con la luz espiritual a la que hayan tenido acceso (Romanos 2:19, 20), de modo que el castigo es justo si rechazan la luz, ya que lo hacen por voluntad propia. Jesús se lamentó así por quienes rechazan la luz: “no queréis venir a mí  para que tengáis vida” (Juan 5:40). Dijo a los incrédulos: “Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24). En Juan capitulo 6, nuestro Señor combinó soberanía divina y responsabilidad humana cuando dijo: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mi;  y al que a mí viene, no le echo fuera”  (v. 37); “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en el, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (v. 50); “Ninguno puede venir a mí, si el padre que me envió no lo trajere” (v.44); “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna ” (v. 47); y “Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del padre” (v. 65). La manera como esas dos realidades son verdaderas al mismo tiempo no puede ser entendida por la mente humana, solo Dios.

Por encima de todo, no debemos concluir que Dios sea injusto porque elige conceder gracia a algunos pero no a todos. Dios nunca debe ser medido por lo que parezca justo y razonable según el juicio humano.

 ¿Acaso vamos a ser tan insensatos como para presumir que nosotros, quienes somos criaturas caídas y pecadoras, tenemos una norma más elevada de lo que es correcto que un Dios santo, eterno, infinito y libre de pecado? ¿Qué clase de orgullo es ese? En el Salmo 50:21 Dios dice: “Estas cosas hiciste, y yo he callado; pensabas que de cierto seria yo como tu; pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos”. Dios no es como nosotros y no puede ser evaluado con normas humanas. “Porque mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55: 8, 9).

Nos salimos de límites siempre que llegamos a la conclusión de que algo hecho por Dioses injusto. En Romanos el apóstol escribe: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿Quién entendió la mente del Señor? ¿O quien fue su consejero?” (Romanos 11:33, 34).

bY LeMS

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“Cualquier hombre que piensa que es cristiano y que ha aceptado a Cristo para la justificación sin haberlo aceptado al mismo tiempo para la santificación, se halla miserablemente engañado en la experiencia misma”

Archibal A. Hodge

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