Las acciones malas de los hombres en el plan de Dios


J. Gresham Machen.
Libro titulado El Hombre

Esto, sin embargo, hace que se susciten preguntas muy graves. Si las acciones malas de los hombres ocupan un lugar en el plan de Dios, si Dios las preordena, entonces ¿es responsable el hombre de ellas, y no es Dios el autor del pecado?

A cada una de estas preguntas la Biblia da una respuesta inequívoca. Sí, el hombre es responsable de sus actos malos; y no, Dios no es el autor del pecado.

Que el hombre es responsable de sus acciones malas se ve tan claro desde el comienzo de la Biblia hasta el fin que es innecesario mencionar textos concretos para demostrarlo. Pero también está claro en la Biblia que Dios no es el autor del pecado. Esto se comprende por la naturaleza misma del pecado, que es rebelión contra la ley Santa de Dios. También se enseña en forma explícita. “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios, no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.”

¿Cómo, pues, podemos resolver la dificultad? Hemos dicho que Dios ha preordenado todo lo que sucede. Las acciones pecaminosas de los hombres son cosas que suceden. Con todo negamos que Dios sea el autor de las mismas y atribuimos la responsabilidad de ellas al hombre.

Con qué derecho lo hacemos? ¿Acaso no nos metemos en una contradicción sin solución?

La respuesta se halla en el hecho de que si bien Dios preordena todo lo que sucede, hace que las cosas sucedan en formas muy diferentes.

No hace que sucedan las acciones de los seres personales de la misma forma que los sucesos del mundo físico. Esto es así incluso en el caso de las acciones buenas de los hombres que son sus hijos. Incluso cuando Dios hace que esos hombres realicen ciertas acciones bajo el influjo de su Santo Espíritu, no trata con ellos como si fueran piedras o palos, sino que trata con ellos como hombres que son. No les hace realizar esas cosas contra su voluntad, sino que determina dicha voluntad, y su voluntad como personas queda a salvo cuando realizan dichos actos. Los actos siguen siendo de ellos, incluso si el Espíritu de Dios los guía a realizarlos.

Cuando Dios hace que sucedan las acciones malas del hombre, influye todavía de una manera distinta. No tienta a los hombres para que pequen; no influye en ellos para que pequen. Pero hace que sucedan esas acciones como elección libre y responsable de seres personales. Ha creado esos seres con el don temible de la libertad de elección. Lo que hacen como fruto de ese don son acciones suyas. En realidad no sorprenden a Dios cuando las hacen; el hacerlas entra en el plan eterno de Dios; pero por ellas, no Dios sino ellos son responsables.
¿Dónde está la verdadera dificultad en todo esto? ¿Es acaso la dificultad de armonizar la voluntad libre de la criatura con la certeza de las acciones de las criaturas como parte del propósito eterno de Dios? No, no creo que sea ésta la verdadera dificultad. Me parece que es ver cómo un Dios bueno y todopoderoso pudo permitir que entrara el pecado en el mundo que Él había creado.

Esta dificultad se enfrenta con la enseñanza consecuente y verdaderamente bíblica del decreto divino, enseñanza que hemos tratado de sintetizar en esta exposición, y también se opone a las opiniones inconsecuentes que hemos refutado. Nunca se debe emplear, por tanto, como argumento en favor de ninguna de las dos teorías inconsecuentes ni contra la enseñanza consecuente.

El problema subsiste. ¿Cómo pudo un Dios santo, si es todopoderoso, haber permitido la existencia del pecado?

¿Cómo resolver el problema? Me parece que debemos admitir algo que no le agrada mucho a nuestro orgullo. Me temo que tenemos que reconocer que es insoluble.

¿Es tan sorprendente que haya cosas que no comprendamos? Dios nos ha comunicado muchas cosas. Incluso acerca del pecado nos ha revelado mucho.

Nos ha dicho cómo por un precio infinito, con el don de su Hijo, nos ha dado la forma de evitarlo. Sí, Dios nos ha comunicado muchas cosas. ¿Es sorprendente que no nos lo haya revelado todo? No me parece, amigos míos.

Después de todo, no somos más que criaturas finitas. ¿Sorprende que haya ciertos misterios que Dios en su bondad y sabiduría infinitas nos haya querido ocultar? ¿Sorprende que haya ciertos aspectos en sus consejos que nos ha pedido que nos contentemos con no conocer sino que nos conformemos con confiar en El que todo lo sabe?

bY LeMS

2 comentarios:

  1. Amén, somos seres finitos, los falsos Calvinistas, son llevados a concluir eso por la lógica, pero vamos la lógica falla, por que somos humanos, es sorprendente que una persona como Vicent Cheung puede convencer a tantos hombres de abandonar la escritura, para apegarse a doctrinas de hombres.

    Dios te bendiga hermano, Dios es Santo, Santo, Santo.

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  2. Victor:

    Gracias por tu comentario.

    Desgraciadamente este hombre (Vicent Cheung), ha influido y confundido mucho en esta generacion...

    saludos

    Lenin

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“Cualquier hombre que piensa que es cristiano y que ha aceptado a Cristo para la justificación sin haberlo aceptado al mismo tiempo para la santificación, se halla miserablemente engañado en la experiencia misma”

Archibal A. Hodge

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